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| Esta columnista con sus dos grandes pasiones: Twilight y la danza |
¡Hola, Twilighters! Bienvenidos a una entrega más de éste su Twilight Tuesday.
En esta ocasión me gustaría hacer una retrospectiva bastante personal. Quizá algunos de ustedes ya se habrán enterado por medio de redes sociales, el hecho es que este domingo celebraré cuatro años como Twilighter. Fue el 9 de septiembre de 2008 a las nueve de la mañana que comencé a leer la primera página de Twilight.
Les quiero contar esa historia. En septiembre de 2008 yo tenía trece años y acababa de entrar a segundo de secundaria. Apenas puse un pie en el salón me di cuenta de lo que pasaba: todas mis compañeras estaban locas por un libro acerca de vampiros. A cada hora, entre clases, en los recreos, lo único que escuchaba era “Edward, Edward, Edward, Jacob, Edward, Jacob, Jacob.” Yo siempre he sido una lectora asidua, y precisamente durante el verano había leído Interview With The Vampire, de Anne Rice, y me había enamorado. Pensaba que no había libro de vampiros que pudiera compararse con él (por supuesto, aún no había leído Drácula) y por lo tanto no prestaba demasiada atención a los chillidos de niñas con las que nunca me he llevado íntimamente. Es más, tanto ellas como el librito del que tanto hablaban me irritaban a más no poder. Finalmente, el 9 de septiembre antes mencionado, me decidí a investigar qué tanto le veían al tal Edward. Yo no tenía los libros, así que le pedí el primero a una de las niñas del salón, Sofía, y sin que ninguna de las dos supiera realmente lo que eso significaría ella me prestó su libro. El 11 de septiembre se lo devolví, rogándole que me prestara el segundo pues ya había terminado el anterior. Yo no lo sabía, pero me había convertido en Twilighter.