Queridos, oh, queridos. Amor puro para ustedes.
Ayer fui a pedir informes a una nueva academia de ballet, ya que en donde estoy ha cerrado por vacaciones y me estresa no hacer nada. Apenas pretendo asomarme, y la directora-gendarme se planta frente a mí:
-¿Qué quieres?
-Informes de las clases.
-¿Para quién?
-Para mí.
-¿Has tomado ballet?
-Sí.
-¿Dónde?
-En la academia de Cleya Verni. Escuela rusa.
Directora-gendarme se descongeló. –Ah, Cleya. Pásale, adelante.
Aunque después de eso pude hacer mi trámite normal, me quedé pensando, ¿y si hubiera contestado distinto a una de entre el bombardeo de preguntas? Y si no proviniese de esa academia, sino de alguna otra de las que hay en la zona, ¿habría cambiado la forma en que se me trató después? Es lo más probable. Me impresionó mucho la forma en que un detalle hace que la otra persona se arme toda la historia de quién eres, y si vales la pena.
En otras ocasiones me ha pasado lo mismo, pero por ser Twilighter. Y, desgraciadamente, en todas esas veces la reacción ha sido negativa. Y es una situación muy peculiar: como sabemos, existen más fandoms que personas en el mundo. Cuando una persona se declara fan de, por ejemplo, Star Wars, Harry Potter, Star Trek, lo que sea, los demás le acogen bien. Puede que a alguno le resulte extraño o divertido, pero no se le dirá nada malo; en el mejor de los casos aparecerá otro fan y se producirá una conmovedora unión. Pero si se trata de un Twilighter de inmediato viene la sorpresa, la desilusión, y, en el peor de los casos, los ataques. Si se trata de un hombre, la impresión suele ser mayor, y no faltará quien asuma que es homosexual. La verdad es que en una amplia mayoría de los casos aquél que se declare Twilighter no será tomado tan en serio como antes de su pronunciamiento.
Nunca he acabado de entender por qué cuando alguien encuentra a un Twilighter, inmediatamente asume que es de inferior inteligencia o inferior madurez. En algunos casos, si ambas personas no se ven directamente (contacto por redes sociales, por ejemplo), además de lo anterior se asume que el Twilighter en cuestión es mujer y adolescente. Causa verdadero asombro y desconcierto que alguna de las dos cosas, o ambas, resulten ser falsas.
Por qué, es algo que quizá jamás lleguemos a entender del todo. Es cierto que gran parte del conflicto se originó desde la publicación misma de los libros, cuando se les colocó en la categoría para adultos jóvenes y adolescentes, y llegaron la olas de niñas enloquecidas (que, para colmo, con la misma intensidad con la que ayer vitoreaban a Robert Pattinson hoy se desmayan por Josh Hutcherson; se fueron y nos dejaron toda su mala fama). Cierto es también que una parte significativa del fandom está compuesta por mujeres jóvenes, pero además de ellas está la amplísima gama de personas que los expertos conocemos: hay familias enteras Twilighters, hay hombres heterosexuales, hay adultos, jóvenes, niños, gente madura.
De tanto en tanto, en grupos de Facebook de otros fandoms a los que pertenezco (Game of Thrones, Once Upon a Time) por una razón u otra sale a flote Twilight. No me explico esta rara habilidad de aparecer en momentos inesperados, pero cuando esto ocurre me gusta sentarme casi con bote de palomitas a leer lo que dicen los otros. Jamás se han salido de los clichés más tradicionales: vampiros con glitter, historias para niñas, necrofilia, zoofilia, machismo. No falta quien saque a relucir a Drácula, o a todo el elenco de The Vampire Diaries o True Blood en comparación. Entonces, calculando mi tiempo, intervengo y empiezo a rebatir cada argumento que se haya dicho hasta entonces. Y, por supuesto, llegan todas las reacciones que ya hemos descrito: incredulidad, asombro, desprecio. No acaban de dar crédito a mi presencia. Los años me han dado la suficiente experiencia para saber lidiar con cada una de estas actitudes, y como tienden a ser soporíferamente repetitivos en sus ataques no hay demasiado desafío al momento de discutir, pero el episodio no deja de ser un tanto incómodo. Y una vez más regresamos a la gran interrogante: ¿por qué nos odian tanto?
De acuerdo, existen áreas de esta Familia que no son precisamente fuente de orgullo. Los Nonsten, los que insisten en que es Stephanie Meyer (yo he llegado a ver “Stephany”), o que llaman al esposo de Bella “eduar”. Sí, ni mayúscula ni w ni nada. De que hay personitas entre nosotros que dejan mucho que desear, las hay, pero no son mayoría. Los que quedamos ahora somos los que hemos pasado años enteros siendo Twilighters; muchos conocimos los libros antes que las películas, y aún los que leyeron después han llegado al mismo nivel de apreciación profunda de la historia. Lo peor de todo es que nuestro más grande crimen consiste en ser jóvenes, ser mujeres, y tener sentimientos. Eso es considerado deleznable a ojos de muchos. Si lo somos, malo, porque es un intento cruel de hacer que nos avergoncemos por nuestra naturaleza, por nuestro simple desarrollo, y si no, también produce bastante incomodidad sentirse tan vilmente prejuzgado.
Se necesita quizá una campaña fuerte para “lavar” nuestro nombre (“lavar”, así entre comillas, porque no tenemos mancha alguna), para reivindicarnos, para mostrar el auténtico temple de los Twilighters. Se trata de ser gente culta, que sepamos de literatura, que investiguemos historia, que sepamos argumentar y rebatir, que aprendamos a no saltar a la yugular con la menor provocación, sino poder contenernos hasta el momento oportuno de defendernos con algo sensato y no con insultos. Hay que leer, leer mucho, para que nadie nos juzgue ignorantes o conformistas. Se trata de ser, como dijera Sor Juana, doctísimos. No tengan miedo de un Hater, no se alejen de él por repulsión; traten de entender por qué él piensa de ese modo, de evaluar los puntos en los que tenga razón, porque son precisamente ésos los que mejor se rebaten y mayor satisfacción brindan, de ponernos en sus zapatos para así encontrar la mejor forma de acabarlos. Es un desafío intenso, pero sería fabuloso que tantos de nosotros como sea posible nos unamos.
[caption id="" align="aligncenter" width="160"]
Con esta petición los dejo, adorados míos. Como siempre, recuerden que las puertas están abiertas en ésta su casa. Cuídense mucho, sean felices, y hasta el próximo Twilight Tuesday.
XOXO
Tumblr
***
Recomendación de la Semana
The Ten Commandments (1956)
Independientemente de nuestras creencias religiosas, ésta es la película que hay que ver. Cuenta la vida de Moisés, desde que las estrellas anuncian su nacimiento hasta que lleva al pueblo de Israel a las orillas del Río Jordán, todo esto sazonado con intrigas, enseñanzas, batallas, e historias de amor. Es una película verdaderamente exquisita en todos los aspectos: ambientación realista, vestuario y caracterizaciones verdaderamente gloriosos, actuaciones precisas, y una trama que si bien se toma numerosas licencias históricas es verdaderamente cautivadora. Eran los dulces tiempos en que la narración era más importante que los efectos especiales, y la era en la que existían en el genoma humano los alelos de la belleza pura, delicada, provocativa, sensual. Charlton Heston, Yul Brynner y Anne Baxter son, sin duda alguna, uno de los tríos más bellos y talentosos del cine. Con sus casi cuatro horas de duración, The Ten Commandments es perfecta para una tarde larguísima e inolvidable.
o.o este twilight tuesdey me impacto¡¡¡ tienes razon en todo lo que has dicho, yo tengo que enfrentarme a toooda mi familia por el simple echo de ser twilighter¡¡¡
ResponderEliminar