La Indra
N.A: Les recomiendo buscar en Google: "La postura de la Indra" para entender la posición del Kamasutra ;)
EPOV
Bella y yo nos acercamos a la mesa en silencio, todavía agitados e impregnados de olor a sexo. No me molesté en inventar una excusa por nuestra repentina huída de diez minutos, mi cabello estaba muy despeinado para lo que estaba los días que trabajaba y las mejillas sonrosadas de Bella no dejaban duda alguna. Antes de estar frente a la vista de los chicos, noté que las bragas de Bella estaban mal puestas, porque sobresalía un poco de sus shorts. Rápidamente y de un movimiento brusco le acomodé el short para que nadie lo notara. Bella se paró en seco y me miró a los ojos, con asombro y sonrojo.
Le di unas palmaditas a su cintura para advertirle que siguiera caminando cuando Alice y Jasper nos divisaron.
Emmett estaba contando alguna anécdota graciosa cuando nos sentamos en nuestros asientos. No dijimos nada, y nos pusimos al tanto de las conversaciones del oso, ya que Alice y Jasper se miraban entre tanto con sonrisas tiernas.
¿En qué momentos estos dos parecían ser una pareja? Jamás había visto a Jasper actuar así con una chica que conocía en tan poco tiempo.
Supe que todos ya sabían qué habíamos estado haciendo cuando no preguntaron al respecto, y al contrario, nos regalaban miradas divertidas. Mierda.
— A mí me encantan las películas, casi siempre vamos al cine con Bella, al menos una vez a cada dos semanas — Escuché atento la primera vez que nombraron a Bella después de nuestro regreso.
— ¿Te gusta el cine? — Jasper preguntó con amabilidad — Quizás te invite luego.
Alice soltó una risita coqueta, que por la sonrisa de Jasper, le fascinaba. Me percaté que casi siempre se miraban a los ojos o a los labios. Me sentí algo incómodo al observar la escena.
Jasper siguió hablando sobre una nueva película que había salido esta semana, era extraño verlo hablar con Alice como si fuese una amiga de toda la vida. Parecían como si se conocieran de hace años. No lograba comprenderlo. Pero me hice una idea recordando lo cómodo que me sentía con Bella al conocerla hace casi un mes ya.
Por otro lado, Emmett fruncía el ceño tratando de un punto fijo. Estaba viendo a Bella. Giré la vista disimuladamente para ver qué es lo que tanto la miraba, como si tratara de descifrar algo. Y lo vi, en su clavícula, otro chupón rojo aparecía. Oh, no. En cuanto el maldito mencionara eso, le patearía el trasero.
— Bella, ¿me acompañas al baño? — Pidió Alice con un tono muy educado. Se levantó antes que ella y le tomó del brazo mientras se preguntaba cuál era la urgencia. Sospeché por un segundo que quizás Alice había visto la escena antes que yo.
Jasper se quedó mirando embobado el caminar elegante de Alice. Cuando la perdió de vista, suspiró feliz.
— ¿Tenía un chupón? — Emmett preguntó con diversión — ¿Acaban de…?
Al menos había esperado que Bella se marchara. Aunque en realidad eso era gracias a Alice. Asentí.
— ¡Hermano! — Me golpeó el hombro en aprobación — Eres un insaciable.
"Insaciable", sí. La palabra perfecta para definir mi estado de ánimo al lado de Bella.
— Te agradecería que dejaras de avergonzarla. No es tan lanzada como las chicas a las que frecuentas.
— Frecuentaba — Me recalcó con una sonrisa. No le dije nada, pero francamente no le daba ni un mes con Rosalie.
— Estoy enamorado — Dijo Jasper asombrado de sí mismo.
— Por cierto, te llamó Tanya hace un rato— Emmett señaló mi teléfono en la mesa. Me tensé por un momento, gracias a Dios que lo decía ahora y no en frente de Bella.
— ¿Atendiste, verdad?
— Sí, le dije que estabas en el baño, dijo que la llamaras más tarde — Tomé el teléfono y vi efectivamente que la última llamada había sido de ella. Tendría que mandarle un mensaje.
— ¿Cómo sabía que estaba desocupado? Normalmente la llamo durante las tardes.
Emmett frunció los labios, algo tenía que ver.
— Le conté a Rose que estaba con ustedes ahora — Confesó en voz baja.
— ¿Por qué? — Suspiré molesto. ¿Por qué le contaba esas cosas? — ¿Le vas a contar todo lo que hacemos?
— ¡Me preguntó qué hacía! — Emmett se mostraba inocente, como si no recordara que nuestras "novias" eran mejores amigas.
— ¡Carajo! ¿Es que no entiendes que mi hermana le habla hasta de la ropa que no uso a Tanya? — El miedo se apropió de mi cuerpo y mi mente, lo peor podía pasar… — ¿No le contaste sobre Bella, no?
— ¡No! — Exclamó Emmett sorprendido — ¡Jamás le contaría esas cosas!
— ¿Vieron cómo Alice me miró a los ojos? — Jasper ignoraba nuestra disputa, ensoñándose.
— Emmett, te conozco, no tienes freno cuando se trata de secretos.
— Nunca te traicionaría de esa forma, hermano — Emmett me miró a los ojos con profunda sinceridad. En eso tenía razón. Emmett jamás me traicionaba cuando se trataban de chicas — Simplemente le había dicho que estaba con ustedes, no sé por qué le contó a Tanya.
— Ten cuidado la próxima, ¿quieres? — Suspiré frotándome la cien. Esta Rosalie iba a sacarme canas blancas ante de los treinta — Lo siento, no quería gritarte.
— Ni lo digas, hermano — Volvió a darme una palmada fuerte en el hombro. Vimos a Jasper que seguía absorto pensando en Alice, ignorando por completo la escena.
— Le cayó muy bien Alice — Reí.
— Me cayó bien Bella también — Dijo Emmett — Es muy graciosa y torpe.
Bueno, ¿qué podía decir? Acababa de notar dos grandes detalles en ella. A mí me parecía tierna.
— Además, es muy divertido incomodarla — Soltó esa sonrisa boba de niño de diez años. Físicamente, Emmett parecía el más grande de nosotros tres, pero era el más niño.
Las chicas volvieron del baño. Bella acomodaba su cabello por encima de su pecho, claramente para tapar el chupón. Le sonreí fingiendo que no sabía nada.
— ¿Se te fue el chupón, Bella? — Preguntó Emmett con una risotada. Las mejillas de Bella se sonrosaron furiosamente. Se mordió el labio pero no ocultó el rostro al verme tranquilo.
Por más que regañe a Emmett seguiría con sus bromas. Lamentablemente, Bella tendría que acostumbrarse.
— Oigan, estaba pensando en la salida del sábado, tengo pensado un club en especial— Propuso Emmett emocionado. Siempre haciéndole fama a algún amigo.
— ¿Salen el sábado? — Preguntó Alice con curiosidad a Jasper. Él se sorprendió por el planteamiento, pero le sonrió de vuelta.
— Sí, eh…
— ¿Por qué no vienen ustedes dos? — Emmett ofreció con amabilidad — De todas formas yo iré con Rose, podemos ir los seis.
— ¿En serio? — Se notó el claro entusiasmo de Alice, en realidad por volver a ver a Jasper.
— ¿No será molestia? — Preguntó Bella dudando.
En realidad, sería algo grave. ¿Con qué excusa saldría con Bella con Rosalie entre nosotros? Se lo contaría inmediatamente a Tanya. No era para nada seguro poner a Bella y a Rosalie en una misma habitación.
— Eh… no sé si… — No encontraba la forma indicada para plantear el problema.
— Agradezco la oferta, pero tengo que estudiar — Se disculpó Bella con una sonrisa humilde. La conocía, no quería causar problemas. Me sentía mal por eso.
— ¿Un sábado a la noche? — Bufó Emmett.
— Puedes estudiar mañana tranquilamente — Le aconsejó Alice con amabilidad.
Bella fruncía los labios, y se los mordía de vez en cuando. ¿Es que no se daban cuenta? Estaba incómoda. Necesitaba sacarla de esa situación. Y ya.
— No sé si será una buena idea que Rosalie esté con Bella…. — Solté palabra por palabra, para que entendieran la gravedad del asunto.
— ¿Por qué? ¿Que tiene de malo su hermana? — Fue Alice quien que se animó a preguntar.
— Rosalie es íntima amiga de Tanya — Murmuró Jasper lentamente, entendiendo el problema — Terminaría contándoselo.
Todos se quedaron callados. Sin saber qué responder, dándome la razón. Bella debía sentirse peor que antes. Soy un maldito.
— No tengo problema — Rió nerviosa — Pueden salir sin mí.
— Nah, no digas eso — Chasqueó la lengua Emmett en reprobación — No le diremos nada a Rose sobre ustedes dos y se acabó.
— Por nosotros no te preocupes, Bella. Últimamente estoy acostumbrado a guardarle secretos a ella, uno más no hace la diferencia — Jasper se encogió los hombros, con un tono de voz muy amable.
— Se los agradezco en serio, pero no sería una situación muy cómoda para todos, especialmente para Edward — Me miró a los ojos y me sentí una basura. Sabía que estaba sacrificándose por mi bienestar y el de todos, pero no se daba cuenta que el verdadero problema aquí era Rosalie y Tanya, ella era inocente... — Además, en verdad necesito estudiar, las clases volverán a empezar y tengo trabajos pendientes...
— ¿Estás segura? — Me aseguré de preguntárselo otra vez, mirándola a los ojos, se mordió el labio y bajó la vista.
— Completamente.
— Bueno, si tienes ganas de ir, eres bienvenida — Ofreció Emmett con desinterés. Agradecí enormemente la amabilidad de Emmett y la compasión por hacerla sentir mejor. Además debo admitir que sentir que mi amigo me apoyaba por encima de Rosalie, se sentía muy bien.
— Gracias — Sonrió Bella con timidez, eso me hizo sonreír.
— Se hace tarde, tengo que ir a buscar a Rose — Emmett se levantó con prisa sobre el asiento.
— ¿Ahora la buscas? — Bufé con tono burlón.
— Sí. ¿Tienes algún problema al respecto? — Desafió el oso.
— No — Sonreí. Me devolvió la sonrisa y se despidió de todos antes de marcharse.
De momento, la mesa se reinó de un silencio acogedor y pasivo.
— No puedo creer que salga con ella, realmente no puedo comprenderlo — Jasper negaba con la cabeza una y otra vez.
— No van a durar mucho, Jazz. Tú los conoces. Son tan parecidos que terminaran chocando.
— Yo le veía muy contento — Bella opinó al respecto. Me tomó por sorpresa. Una sorpresa curiosamente cómoda.
— No llevan ni una semana. Créeme, esto no será para siempre — Jasper asintió conmigo. Ninguno de los dos buscaba algo serio, pero cuando lo encontraba, Rosalie se volvía mandona y controladora. Al menos mantendría satisfecho a Emmett en el sexo porque eran compatibles en ese sentido y se puede decir que se gustaban de adolescentes, pero nunca se concretó nada. Ahora que tienen la oportunidad aprovecharán el tiempo perdido y el capricho se les irá.
Jasper empezó a contar una anécdota sobre un compañero del trabajo mientras todos le escuchábamos atentos entre risas. Me sorprendí lo cómodo que se sentía estar con Alice y Bella, normalmente no teníamos amigas mujeres a las cuales hablarles como si fueran amigos. Supuse que eso pasaba porque ellas dos no eran como las tantas mujeres que frecuentábamos en un pasado, y eso supuso algo bueno.
De vez en cuando miraba a Bella. Sus reacciones eran hipnóticas. Ella nunca decía lo que pensaba, pero de a poco comenzaba a entender un poco cada una de sus muecas. Cuando fruncía los labios era porque quería decir algo pero no sabía cómo decirlo o si se adecuaría al ambiente o a la situación. Abría más los ojos cuando algo realmente le interesaba, y cuando sonreía entre dientes era porque ya se sentía cómoda. Se dio cuenta de las veces que la observaba, no me miraba, bajaba la vista y se mordía el labio, avergonzada.
Su vista se dirigió a la entrada y abrió los ojos con mucha más sorpresa de la habitual, como si hubiese reconocido a alguien y a juzgar por su mueca, no era alguien de su agrado. Miré hacia tal dirección y no encontré a alguien joven que podría ser considerado conocido suyo. Bella seguía con la vista mortificada, como si no quisiera que la vea, a un hombre robusto, de poco cabello, acompañado de una niña de quince años, aproximadamente. ¿Reconocería a ese señor? ¿O a la chica?
Bella parecía asustada, conteniendo una mueca preocupada. No me gustó para nada verla así. Me transmitía esa misma preocupación, ese mismo miedo. Había algo en ella que me incitaba a protegerla, a evadir cualquier mal que se le aproximara. Era tan inofensiva.
— Bueno, Bella y yo nos marcharemos ahora. ¿Te parece? — Le pregunté fingiendo una sonrisa amable. Solo quería llevarla al departamento, hacerla sentir más tranquila, y preguntarle qué le había asustado tanto. Ella reaccionó tarde y asintió con ganas, como si eso deseara, salir de aquí.
— Nosotros nos quedaremos un rato más, ¿qué dices? — Jasper le sonrió amablemente a Alice.
— Me encantaría — Alice sonrió.
— Cuídala, muchacho — Le indiqué bromista a Jasper para disimular que nada había pasado, que simplemente deseábamos marcharnos para tener privacidad.
— ¡Lo mismo digo, eh! — Dijo Alice de buen humor. Toé a Bella de la cintura para llevarla afuera, claramente eso hacía, la estaba cuidando.
Bella saludó a Jasper y a Alice sin muchas ganas, sabían que algo malo le pasaba. La llevé hasta donde había estacionado el volvo. Le abrí la puerta como siempre lo hacía y ella entró en silencio. Cuando entré y encendí el auto, me animé a hablarle.
— ¿Te encuentras bien?
Bella reaccionó tarde, como si hubiese estado perdida en sus pensamientos.
— ¿Eh? Sí, sí. No pasa nada — Su voz tembló un poco, obviamente me estaba mintiendo.
Decidí dejarla pensar un rato, que el silencio se apoderara de nuestro entorno, una forma de demostrarle mi apoyo si es que necesitaba tiempo para meditar. Tardamos solo diez minutos en llegar al departamento. El recorrido fue igual de silencioso, y yo tenía ganas de saber qué la había puesto de esa forma.
Entramos al departamento y como todas las veces, Bella se mostraba fascinada por las paredes de vidrio que reflejaban el cielo, los edificios, las calles. Casi siempre miraba allí al entrar a la habitación. Dejé que se acomodara, mientras tomé el bowl de la mesa del living para ofrecérselo.
— ¿Quieres uno?
Bella sonrió divertida y tomó un caramelo. Al menos había logrado hacerla sonreír.
— No sabía que tenías un especial interés por los dulces — Notó con curiosidad mientras nos sentábamos en los sillones de cuero en torno a la mesita en frente del televisor.
— Me gustan mucho. Sobre todo después de fumar.
Bella me sonrió en aprobación y se llevó el caramelo a la boca. Agachó la cabeza, jugando con el papel envoltorio color lila.
— ¿Puedo preguntarte por qué te has puesto mal en el bar? — Empecé con paciencia, sonando sincero y preocupado. Ella no se sorprendió al escuchar esto, suponía que me había enterado.
— Nada — Suspiró — Es que... vi a un... bueno, un ex-cliente mío, y me puse algo nerviosa.
— ¿Nerviosa? ¿Por qué?
Bella frunció el labio, arrugó la frente, no sabía cómo decir las palabras y eso me puso más ansioso de lo que ya estaba.
— No fue un... buen cliente.
— ¿A qué te refieres con no fue un buen cliente? — Indagué rápidamente.
— No... — Suspiró — No fue... amable conmigo.
La realidad me golpeaba de a poco, tratando de comprender con exactitud las palabras de Bella. Una posible conclusión cruzó mi mente, una no muy buena, una que en realidad me horrorizaba y mucho.
— ¿Te... lastimó? — Pregunté tratando de no mostrarme enfadado.
— No... tanto.
Y la ira se hizo más grande todavía. Un amargo sentimiento de culpa, horror, asco y frustración sacudió mi cuerpo de forma violenta. ¿Es que alguien se había atrevido a poner un dedo encima de esta criatura angelical? ¿Cómo podía alguien incluso ser despiadado con una chica tan tímida, tierna, e inofensiva? ¿Qué clase de monstruo degenerado podía haberle hecho algo así? ¿El tipo robusto que había visto, ese era él? ¿Ese enfermo desquiciado la habría maltratado?
La respiración me falló. No era precisamente bueno para controlar mis emociones, sobre todo con la ira. No quería asustarla, pero me sentía enfermo. La simple y sencilla idea de Bella... siendo lastimada... alguien tan frágil como ella, por un cretino imbécil más grande que ella... me desagradaba tanto que me descomponía del odio.
— Define tanto — exigí molesto.
— No me golpeó ni nada de eso — Sacudió la cabeza rápidamente. El aire parecía volver a mis pulmones — Sólo me trataba con fuerza, era algo brusco — Sentí un leve cosquilleo en la mano, como si deseara golpear a alguien. A ese bastardo.
Siempre había querido saber que otro tipo de clientes había tratado Bella antes que yo, por lo que me había dicho, habían sido dos nada más, y uno de ellos era ese tal Mike Newton, pero yo no se lo creía. ¿Tan pocos? En realidad no eran nada. Ahora quería saber, necesitaba saber con detalles que había sucedido con ellos.
— Bella — Suspiré frustrado, me despeiné la melena — Quisiera saber más acerca de esos clientes. En realidad, nunca me quedó del todo claro ese aspecto importante de tu pasado. ¿Harías el favor de confesármelo?
Para mi sorpresa, Bella no se molestó, ni se preocupó. Cruzó las piernas, moviendo una más rápido que la otra, en claro signo de nervios e incomodidad. Me sentiría mucho mejor de saber que había sucedido exactamente en ese momento de su vida y ella parecía dispuesta a contármelo.
— Bueno, tu sabes... naturalmente no soy de aquí, me he mudado hace cuatro años a Manhattan. Hasta entonces, mi educación la habían pagado mis padres, pero...
— ¿Pero? — Exigí saber.
— Fueron muchos problemas familiares. Mi... papá, no contaba con todo ese dinero fácilmente. Tenía que hacer muchos sacrificios... y mi mamá y Phil... bueno, yo me sentía algo culpable. Ellos gastan su dinero en vacaciones, me sentía mal de quitarles la oportunidad de, no lo sé, ser felices...
¿Por qué Bella se empeñaba tanto en hacer felices a los demás? ¿Cuándo se preocupaba por la suya?
— ¿Y por qué no pediste una beca? — Pregunté evidenciando mi curiosidad.
— Nunca tuve notas tan altas, ni fui pobre para recibir esa ayuda. Me dijeron que opte por otra universidad más barata pero mis padres eran capaces de pagar los primeros años de ésta — Contestó — Empecé con... pequeños trabajos, como mesera, pero no era suficiente. Mis amigos intentaron ayudarme, pero les limitaba muchas cosas, y bueno, Alice me lo terminaría sacando en cara... no es que sea mala persona — aclaró rápidamente — Ella es muy buena, pero no quería hacernos esto a nuestra amistad... y mi otro amigo... bueno, el siente cosas por mí y...
— ¿Quién? ¿Jacob?
Bella se sorprendió por mi conocimiento del tema.
— Sí, si dejaba que me ayudara, me sentiría peor de no poder corresponder sus sentimientos y... bueno, de no alcanzar a pagarle el dinero. Por eso empecé a... bueno, tú sabes.
— ¿Cuánto tiempo estuviste así?
— No mucho, en realidad menos de un mes. Además no trabajaba todos los días, y no tenía un cuerpo tan bonito como el de las otras chicas.
Bella se encogió los hombros, dando por obvia esa razón. Me molesté bastante, Bella tenía el cuerpo más lindo que había visto en otras mujeres operadas. Su cuerpo era tan natural, tan sano, tan hermoso. Pero no cualquiera podía apreciar semejante belleza.
— El hombre a cargo de esa zona roja se llamaba James. Nos dejaba trabajar ahí, pero si pasábamos el mes, teníamos que dejarle dinero a cambio.
— ¿Él te pego? — Demandé saber con frustración.
— No... ningún hombre me golpeo, Edward — Me recordó con paciencia. Eso significo un gran alivio para mí. — No me gustaba ir sola, tú sabes lo loca que es Alice y lo buena que es, casi siempre iba conmigo pero en ningún momento estuvo con alguien.
Alce una ceja, incrédulo.
— ¿Se paraba a tu lado, simplemente? — Bella asintió — ¿Y si alguien trataba de estar con ella?
— Nadie podía, porque técnicamente no trabajaba. Fue entonces cuando me di cuenta que Alice era como una hermana para mí. No muchas la trataban bien, en realidad, no nos trataban bien a nosotras porque estudiábamos. Fue tan poco tiempo que nadie se enteró de esto, ni mucho menos mi familia.
— ¿Y tus clientes? Tengo entendido que fueron pocos.
— Solamente dos, pero eran los que frecuentaba todo el tiempo. Te conté sobre Mike Newton, nunca pasamos a algo físico, el solo buscaba compañía... pero fue un caso contrario con... el otro.
Noté que la voz de Bella se volvía contenida. No le era fácil relatar estas cosas. Me acerqué a ella para sentarme a su lado, le tomé la mano y comencé a masajeársela, como lo había hecho la vez que la había rescatado de aquella noche trágica.
— Todo está bien, puedes contármelo — Susurré con voz tranquila, y una sonrisa que le aseguraba que no iba a juzgarla al respecto.
Bella agradeció el gesto, sonriéndome de vuelta.
— Nunca supe su nombre, le llamaba Sr. Riley. Era casado, y tenía hijas de casi mi edad. Fue mi único punto y el más bajo. No me sentía para nada bien a su lado.
Bella bajó la mirada, concentrada en sus recuerdos. Esto le hacia daño, así que procure ser conciso en la información que quería saber. Nunca le solté la mano.
— ¿Te acostabas con él?
— Sí. No fueron tantas veces, igual. Al ver que no era tan... agraciada físicamente, no ofrecía mucho — De nuevo, quise contradecir sus palabras de una vez — y por eso no les atraía mucho en ese sentido. Yo era callada, por eso supuse que les gustaba descargarse conmigo.
Ella tenía tantas cosas para ofrecer, su cuerpo, sus sonrisas, su ironía divertida y su inteligencia. Bella podía ofrecer mucho más que otras mujeres.
— Si.. no contestaba lo que el deseaba, me trataba bruscamente... nunca fue algo doloroso, pero no me hacía para nada bien la sensación... por eso procuraba no decir nada. Y pagaba bien.
Bella iba a decir algo, pero se tensó, la armé de valor tomando sus dos manos con fuerza.
— Me... besó, varias veces.
Era un detalle insignificante, como las veces en que Zafrina u otras mujeres me habían besado. Pero en su caso era completamente distinto. Bella no besaba a cualquiera, y saber que tal placer, tal dicha había sido robada a la fuerza por otro hombre, en verdad me enfurecía. Tenía que calmarme y no perder los estribos, ella necesitaba de mi paciencia.
— Hay muchos recuerdos que prefiero olvidar, nunca fue de mi agrado... y, no lo sé. Cuando lo vi en el bar... volvieron a mi mente, y no me sentí para nada cómoda, sentí odio, por él y por mí, por haber llegado a esa cuestión tan degradante...
Sentí la necesidad de calmarla, de refugiarla de sus propias palabras, porque así no lo veía yo.
— No te auto castigues así, Bella. Todos hemos actuado en una forma desesperada ante los problemas y nos hemos equivocado. Yo también he pasado por cosas que no deseo recordarlas en mi vida.
— ¿Como qué? — Quiso saber de inmediato.
Había un solo recuerdo que deseaba enterrar en lo más profundo de mi inconsciente.
— Me acosté con muchas mujeres de las que me arrepiento y accedí a cosas que realmente aborrezco por culpa de la excitación hormonal de un adolescente estúpido — Logré sacarle una risita a Bella, eso me hizo sentir muy bien — ¿Recuerdas la chica con la que salí que te conté que le gustaba el sadomasoquismo? — Bella asintió, con la mirada absorta, sin poder imaginar a qué nos llevaba eso — Bueno, sufrí mucho en esa ocasión.
Me vinieron a la cabeza tantos recuerdos, recuerdos que prefería olvidar. Cómo por culpa del deseo irracional de mi cuerpo había accedido a tantas humillaciones… no. No quería recordar eso. Me reí y eso le dio hincapié a Bella a reír.
— Quisiera olvidarlo, pero me trajo buenas enseñanzas — Confesé mirando directo a sus ojos, para que comprendiera mejor el doble sentido de mis palabras.
Ella suspiró, ahora de mejor humor, le había hecho olvidar la maña de recuerdos que podía haberse acumulado en su cabeza. En cuanto volviera a ver a ese cretino, no podría contenerme y le propinaría la paliza de su vida.
— Igual… ahora debes pensar que soy una desvergonzada… — Bella murmuró las palabras como si fuesen tan frágiles para que el viento se las llevara. Me vi obligado a demostrarle lo contrario, no soportaba verla así.
— No, no digas eso — La contrarié acercándome más a ella, con una mirada seria. Ella se sorprendió — Pienso que eres una chica valiente y muy fuerte, que luchó por sus sueños… de una forma equivocada, pero que aprendió muchísimo — Desplegó una de sus sonrisas más hermosas, que reflejaba la felicidad y la paz dentro de su alma, llevé mi dedo hasta su mejilla para acariciarle el leve rubor que se le había formado — Eres muy madura para tu edad, lo sabías, ¿no?
Rió bajando la cabeza, con timidez. Cuánta belleza había en cada uno de sus movimientos…
— A veces olvido nuestra diferencia de edad — Sonrió.
— No es mucha — Fruncí el ceño. A penas 4 años.
— Lo sé, pero nuestros entornos son muy distintos — Se estaba refiriendo a que ella seguía estudiando, mientras que yo ya trabajaba — Y aún así siento que no hay muchas diferencias entre nosotros.
Las mejillas de Bella se sonrosaron de una forma exquisita. No se atrevía a mirarme a los ojos cuando confesaba algo de lo que no estaba segura de cómo yo iba a reaccionar. Llevaba razón, normalmente existirían diferencias entre nosotros. No éramos tan parecidos en nuestros entornos. Ella no frecuentaba hombres, yo había frecuentado más mujeres de las que podía recordar, mi rutina diaria consistía en trabajar, ella todavía estudiaba. Yo salía todo el tiempo, ella era una chica más hogareña.
No podía comprender por qué aún con todas esas diferencias, éramos tan parecidos. Algo en Bella me hacía recordar a mí mismo, mi anterior yo, que no le interesaban tanto las mujeres, casi siempre en casa, leyendo libros… una parte en mí que había abandonado hace rato. Quizás por eso no existían barreras entre nosotros y era la respuesta a la de por qué me sentía tan cómodo y libre con ella en tan poco tiempo.
BPOV
¿En qué momento habíamos dejado de estar en el bar y me encontraba a solas con Edward, contándole mi mayor secreto? ¿Lo inconfesable, lo que sólo Alice sabía? Por un momento pensé que sería un terrible error darle tanta información sobre mí porque se sentiría cargado, aburrido, y no era algo de lo que precisamente me sentía cómoda confesando. Cuando había visto al señor Riley con Amanda, su hija más pequeña, sentí muchas náuseas, muchas ganas de enterrarme en lo más profundo de la tierra. ¿Si me reconocía? Dios santo, ¿y si montaba una escena en ese momento? Nadie debía saber estas cosas, ni mucho menos los amigos de Edward. Agradecí mentalmente por décima vez la oportunidad de Edward para sacarme de allí antes de haberme reconocido.
Sentí que, aunque lo que contaba era tan privado, no era del interés de Edward. Pero me había calmado lo suficiente para volver a reprimir ese pasado oscuro.
— Lo siento, no quería llenarte con tanta información — Me reí para no darle importancia.
— No te menosprecies, Bella. Yo te he pedido que me cuentes. Si esto va a durar un buen tiempo, quiero saber todo acerca de ti. De saber esto antes, te habría protegido de ese imbécil, y le habría propinado una buena paliza.
No comprendía esta nueva faceta en Edward. Sabía que era un posible violento, cuando me rescató de dos asaltos, dispuesto a pelear, o incluso la última vez que peleamos. ¿Pero por qué se pondría así por mis anteriores clientes? El Sr. Riley, y Mike Newton cuando llamó a mi teléfono… Sería una tremenda estupidez de mi parte confundir esto con celos, Edward no podía sentir celos por mí. En cambio, yo sí me sentía celosa por el gran repertorio de gatos detrás de él.
— ¿Por qué te molesta tanto?
Edward suspiró.
— Porque no concibo que te hayan tratado de una mala manera. Aunque Newton no lo haya hecho, no lo sé, no me gusta pensar que alguien no te haya tratado de la manera que mereces.
Mi corazón empezó a latir gradualmente con fuerza.
— ¿Q-Qué me merezco? — murmuré en voz baja. De momento, el rostro de Edward estaba muy cerca del mío.
— Eres una chica muy dulce, no mereces un trato brusco, y sobre todo muy buena. La vida tendría que darte cosas buenas, no cosas malas.
Cosas buenas, ¿Cómo conocerte? Mi vida parecía haber mejorado considerablemente después de nuestro primer encuentro.
— Tú también eres una buena persona, Edward — Murmuré — Mereces ser feliz.
Edward levantó la vista hacia mis ojos. De nuevo esos ojos color esmeralda atravesaban mi alma. Me dejé maravillar por la luz incandescente que desprendían, como si pudiera ver en lo más profundo de su alma. Era una buena persona, quizás no aprobaba muchas cosas que hacía, pero no era malo. Era un imbécil que no lograba entender que estar conmigo era un engaño a su novia.
— A veces no merezco tanto, sabes — Desvió la vista con lo que parecía ser una sonrisa incómoda. Entonces… ¿Edward era consciente de las cosas que hacía a espaldas de su novia?
— Ah, se me olvidaba — Se levantó del sillón, y fue a buscar algo. Su aroma se había impregnado a mi alrededor por su cercanía. Se sintió agradable.
Mi teléfono vibró. Lo tomé y vi que era un mensaje de Alice.
" Jasper me ha invitado a salir mañana! Soy tan feliz!"
Alice.
¡Con qué rapidez esos dos se acercaban del otro! Pensar que Alice no le había dado importancia, quizás esto signifique el momento para asentar cabeza para ella.
Sentí un soplo cálido en mi cuello, mi cuerpo tembló irremediablemente y pegué un saltito girando la cabeza violentamente. Edward me miraba burlón.
— Qué concentrada.
— Es un mensaje de Alice, al parecer tu hermano la ha invitado a salir mañana.
Edward se sentó con un libro entre las manos.
— No le digas nada a Alice, pero Jasper estaba saliendo con una chica. Parece que la ha olvidado en menos de un segundo al verla.
— No hay problema — Reí — Ella no se acordaba quién era Jasper.
— Quiero proponerte algo — Me dijo una vez que me entregó el libro. La sangre se me subió al rostro de un solo tirón. Era el bendito Kamasutra que no habíamos podido comprar por la zorra de Zafrina — Nos turnaremos para tener el libro, primero lo llevaras tu, luego yo.
El libro me ponía los nervios de punta. No sólo significaban un montón de poses extrañas, sino un montón de horas con Edward….
— Quiero que lo leas detenidamente, y escojas la primera posición. La próxima vez, será mi turno de escoger, y luego el tuyo, y así sucesivamente. ¿Qué opinas?
Sonaba muy justo… podía escoger cualquiera de todas, ojeé el libro rápidamente, había fotos ilustradas de poses extrañas, muy peculiares que requerían de una elasticidad admirable… imaginarme así con Edward, me hacía temblar las piernas.
— ¿La que yo quiera o debo seguir algún orden específico?
— La que prefieras — Contestó con una sonrisa. — ¿Quieres escoger alguna?
La pregunta me tomó por sorpresa. Acabábamos de estar en la habitación del conserje, ¿estaba dispuesto a probar otra vez? Por mí no había problema. Pero no sabía cuál posición escoger.
Había tantos nombres extraños para posiciones atrevidas. "Posición del Loto", "Posición de la estrella", "Posición de la luna", "Posición de la Diosa", "Posición de la cucaracha". ¿Qué era esto? Pero las fotos se veían explícitas, eran muy sensuales.
— ¿Quién le pone nombre a estas cosas? — Reí. Edward también se rió. Me cansé de ver nombres extraños y poses confundibles — ¿Sabes qué? Escogeré un nombre al azar.
— ¿Segura? ¿No quieres ver al menos la foto? — Edward parecía divertido por la optativa.
— No, está bien — Dije rápidamente. Al menos, así seria más excitante y sorpresivo.
Fui al índice donde indicaba el nombre de la posición y su número de página correspondiente. Escogí una del final por no ser convencional, se encontraba en la pagina treinta. Su nombre me llama la atención: "La postura de la Indra". Sonaba extraña.
— La treinta — Dije pasándole el libro. Edward a todo esto me observaba divertido, como si le pareciera también excitante y gracioso escoger una al azar. Fue rápidamente a la hoja y estudié con determinación su reacción.
Abrió los ojos sorprendidos, sin quitar esa sonrisa torcida de encima. Se echó a reír y volvió a mirarme a los ojos.
— ¿Segura que no quieres ver la foto? — Preguntó de nuevo. ¿Eso qué significaba? ¿Que era muy atrevida? Esto me excitaba aún más, definitivamente quería sorprenderme y no saberlo. Negué dos veces con la cabeza.
— De acuerdo, lo intentemos ahora.
— ¿No... Tenias que ir al gimnasio? — Se me ocurrió preguntar al recordar que Zafrina lo había visto la otra tarde.
— Con esto, me ahorraré muchas sesiones — Bromeó con mi sonrisa favorita. No puedes besarlo ahora, Bella. ¡Recuérdalo! — ¿Por qué no vas al dormitorio y me esperas allí un segundo?
Se quedó con el libro en las manos, quizás para estar más informado acerca de la posición. Me levanté del sillón y fui en camino, detuve el paso cuando me surgió la interrogante.
— ¿Debo desvestirme o... p-prefieres hacerlo tú? — Tartamudeé un poco, aunque podía hablar con mucha más soltura y libertad de estas cosas, aún había cosas que me hacían sentir como una puta en celo. Por lo menos Edward reaccionó con una sonrisa atrevida, al menos le había gustado.
— Te quiero completamente desvestida, con las piernas abiertas para mí. Ahora.
Ordenó con esa voz que destilaba autoridad, algo muy bueno e importante a la hora del sexo. ¿Era consciente de sus encantos cuando sonreía como un niño divertido y cuando hablaba como un degenerado atrevido?
Cuando entré a la habitación, lo primero que hice fue sentarme en la cama recién hecha y envolverme en el dulce aroma. La cama olía a Edward. Una mezcla de su esencia varonil, su perfume embriagador, un poco a cigarrillo, pero olía a hombre, viril y encantador. Algún día le contaría las veces que me mojaba sintiendo su simple aroma.
Algún día… Dentro de mucho tiempo, claro.
Me quité la chaqueta que llevaba, junto con la camiseta. ¿Debía quitarme el sostén? Sí, o al menos eso suponía estar "completamente desvestida". Me lo desprendí, notando como mis pezones ya se habían puesto erectos por la excitación. Al ver mis vestimentas a un costado de la cama, me di cuenta con nostalgia que no les parecía en nada a las mujeres que Edward frecuentaba. El había dicho que eso era algo bueno, y que por eso me había escogido. ¿Se sorprendería al verme con lencería femenina y delicada? ¿O con tacos? ¿O algún vestido más escotado de lo normal? Me intrigaba considerablemente...
Desaté mis zapatillas y en menos de tres segundos escuché las pisadas de Edward acercándose a la habitación. Mi centro tembló, mis pezones se endurecieron, la piel se me puso de gallina y una fuerte ola de adrenalina me golpeó con brutalidad.
Inconscientemente llevé mis brazos hacia mis pechos, cubriéndome los pezones, y las piernas pegadas a mi pecho.
Edward apareció detrás de la puerta, me miró de arriba abajo y sonrió como sólo él sabe hacerlo.
— Creí que ya te habías desvestido — Caminó alrededor de la cama, lo seguí con la mirada, nerviosa. Se acercó a la cama, me tomó de los tobillos dulcemente. Subió sus caricias hasta mis muslos por encima de mis shorts. El corazón me latió desbocado cuando sus manos se juntaron en torno al botón y al cierre y los deshizo lentamente, sin apartar su mirada fija a mis ojos. Y de un tirón quitó mis shorts y mis bragas dejándome completamente expuesta. Gemí por la sorpresa.
— ¡Mucho mejor! — Canturreó con picardía.
Yo ya me encontraba tumbada en la cama, con la vista fija en sus manos, que se deslizaban lentamente desde mi vientre hasta mi vagina. Sus manos eran fuertes, varoniles, pero su tacto era suave y delicado. Pasó la mano entera sobre mis labios y con un dedo los separó. Gemí torpemente.
— Me encanta sentirte depilada, piel contra piel — Su dedo índice viajo lenta y tortuosamente desde mi clítoris hasta mi centro. Gemía como una gata en celo encima del león que estaba a punto de comerla. Se acercó a mi oído y susurró con voz aterciopelada — Este coño me vuelve loco.
— Edward — Gemí sin aliento. No era consciente de lo bueno que era cuando se lo proponía. Y más cuando hablaba así de sucio..
Edward se acomodó justo a mi lado para besarme, con su dedo tanteando mi entrada. Dios, no habíamos empezado y mi centro empapaba. Antes esto habría sido vergonzoso, pero ahora se sentía tan excitante. No fui tan consciente de las caricias en mi vagina cuando lo tenía tan cerca besándome de esa forma que debía ser ilegal. Su aliento no tenía comparación, su ávida lengua y su saliva me quitaban físicamente el aliento. ¿Podía existir un cuerpo más perfecto que el de Edward? ¿Un mejor amante que él? De ser así, no me interesaba, sólo podía pensar ahora en él, en él, y en él...
La lengua de Edward jugó con entusiasmo la mía, depositando más saliva de lo normal. Mi corazón latía a mil por hora, es como si nunca tuviera suficiente de él. Cuando se separó un hilo de saliva unieron nuestros labios, y sentía la boca mojada. Me quedé sorprendida, y roja como tomate.
— ¿Q-Qué fue eso?
Edward sonrió.
— Un beso mojado.
¡Y con razón! Había quedado babosa.
— ¿Quieres otro?
Asentí y volví a cerrar los ojos dejándome llevar por sus labios carnosos y esa maldita lengua. Su boca sabía dulce, a caramelo, el que acababa de comer. Era aún más adictivo. Llegué a pensar que cualquier mujer que haya tenido la suerte de probar estos labios debería considerarse afortunada. Quizás era mi inocencia y ahora me veía anonadada por disfrutar de las caricias de un verdadero hombre que sabe lo que hace.
O quizás solamente me gustaba mucho Edward y el que supiera hacer estas cosas con una inquebrantable habilidad mejoraba mucho las cosas.
Mis pensamientos tomaron otra ruta de camino cuando sentí su dedo índice y mayor tiraba con precisión mi clítoris.
Gemí muy alto sobre los labios de Edward. Se apartó para dejarme respirar pero ni siquiera tuve tiempo, el placer era insoportable.
— ¡Ah! ¡Ah! — Edward nunca se apartó de mi rostro. Lo sentía a tan pocos centímetros, si tan sólo pudiese abrir lo ojos y verlo mejor, sentía que en cualquier momento me correría. Tenía que apresurarse — ¡E-Edward!
— ¿Qué? — Preguntó como si no tuviese idea. Abrí los ojos. Sus dedos no dejaban de tocarme.
— Ah.. ah.. yo... — Las palabras no salían de mi garganta, mis pobres pulmones deseaban un poco de aire.
— ¿Qué quieres, Bella? — Jadeó cerca de mis labios — Dímelo, y lo haré.
¿Estaba bromeando? Yo no era la que hablaba sucio aquí, ese era él.
— Q-Quiero.. aah... — Traté de relajar el cuerpo evitando el orgasmo, a estas alturas le diría de todo — ¡F-Fóllame!
Cerré los ojos inconscientemente para no ver su reacción, pero escuché su risa socarrona, maldito creído.
— Así me gusta — Por su voz, sospeché que sonreía. Y de repente, su dedo índice y mayor entraron con prisa a mi centro, frustrándome.
— ¡E-Edward! — Me moví inquieta con el encima, mientras bombeaba con tanta rapidez. ¡No quería esto, quería su maldita polla! Pero se sentía tan bien…
— ¿Sí, Bella? — Preguntó como si le hubiese dicho "hazme un favor"
— T-Te q-quiero... a-adentro — Formulé la frase con dificultad, esos dedos iban a matarme. ¿Con qué facilidad estaba hablando sucio?
— Estoy adentro, Bella — Dijo con dulzura, sonriéndome inocentemente. Ah, ¿vas a hacerte el tonto, entonces?
— ¡N-No tus dedos! — Jadeé y el tonto fingía no comprender. Pero qué bien se le daba con esa mueca sorprendida.
— ¿No mis dedos? — Preguntó decepcionado — ¿Por qué no?
— P-porque... ah... ah... aaah — ¿Cómo iba a dejarme hablar si se movía con tanta rapidez?
— ¿No los quieres adentro? — Y el muy condenado sacó los dedos rápidamente, dejándome un vacío frustrante.
— ¡Edward! ¡Si los quiero! — Gruñí molesta, me quedaba tan poco. Por suerte, volvió a introducirlos.
— ¿Entonces? No comprendo, Bella. ¿Quieres otra cosa? — No podía ponerme a charlar de estas cosas con él, tenía que ser franca y directa de una vez, mi orgasmo estaba a punto de soltarse. Disminuyó los movimientos — ¿Quieres el vibrador?
— ¡No! — Gemí apretando los dientes, de nuevo me estaba fastidiando, ya era suficiente — ¡Q-Quiero tu ah... m-maldita polla!
Respiré hondo esperando que eso fuese suficiente. Pero no, seguía moviéndose lentamente. Miré su rostro, estaba divertido, pero fingía ser un completo ignorante en el tema.
— ¿Cómo es mi polla, Bella? — Pregunta trivial. Abrí los ojos molesta, él soltó una relampagueante sonrisa que aceleró mi corazón — Si la quieres, tendrás que contestar, preciosa.
¡Agh! ¡Que molesto era caer en sus juegos! Disfrutaba verme gemir y jadear anhelando su masculinidad, como si le aumentara el ego. Definitivamente, Edward era un creído en la cama.
No estaba dispuesta a jugar, ¿quería oír lo grande y hermoso que era? Bien, se lo diría de una vez.
— ¡T-Tu polla es grande, gruesa.. ahh.. ahh.. enorme... increíble... deliciosa.. ah... d-dámela, maldita sea! — Mis mejillas ardieron y la cabeza me daba vueltas, ya no era consciente de lo que decía pero quería apresurar el placer de una forma u otra.
Un fuerte gruñido salio del pecho de Edward y estampo con violencia sobre mis labios devorándolos ferozmente mientras sus dedos se movían con una velocidad abrumadora. Gemí entre sus labios, moviendo mis caderas al ritmo de su mano. Cuando me di cuenta que no me daría lo que tanto quería, me dejé llevar por las múltiples sensaciones de mi vientre y sentí como el orgasmo me llegaba de forma violenta, brutal, como un estallido. Me separé de sus labios para poder gemir mi liberación. Me quedé quieta por un largo par de segundo mientras Edward movía sus dedos en forma lenta, para prolongarlo.
Si una cosa buena era correrse por Edward, otra muy buena era hacerlo mientras jadeaba cerca de mis labios. Cuando mi respiración se hizo normal abrí los ojos perezosamente, ese había sido uno muy fuerte. ¿Que habría de especial en esta enseñanza?
— ¿Estás bien? — Preguntó como siempre lo hacía, con diversión. Asentí. — No sabía que te prendía tanto la frustración. Eso es bueno, los otros elementos que compré en el Sex-Shop servirán de mucho.
Mi vientre se contrajo de la excitación cuando recordé que todavía teníamos muchos juguetes sin estreno en el armario.
— Nunca pensé que la frustración vendría de la mano con la excitación — Pensé en voz alta.
— Por supuesto que sí — Contestó como si mi pregunta fuera más entupida de lo que pensé. Al menos había descubierto una nueva forma de excitación. Empezó a quitarse la camisa y el cinto. Alcé una ceja.
— ¿Q-Qué haces?
— La pose del Kamasutra — Me recordó con diversión. A estas alturas lo había olvidado por completo. Se bajó el pantalón y el boxer de un tirón haciendo saltar su enorme polla con la punta mojada. Me mordí el labio — ¿O planeas vilmente dejarme así?
Cierto que todavía no había tenido su cuota de placer todavía. Negué rotundamente, como la pervertida en la que me estaba convirtiendo el. O mejor dicho, sacando la que había dentro de mí y desconocía. Me sonrío y me acerqué a él, mientras tomaba la polla desde la base. Me di cuenta que quizás esa sea una de mis fantasias predilectas, el ver a Edward masturbándose y llegar al orgasmo. Mi centro palpitó listo para otra ronda.
Estuve tan cerca de su miembro que no estuve muy segura si era una invitación, o no tendría problema alguno con mi atrevimiento, pero no me importó. Me sentía como una gatita frente un plato de leche, ansiosa de probar, degustar su... leche. Ay Dios, Bella. ¿En qué monstruo degenerado te has convertido? Que bueno que Edward no escuchaba mis pensamientos.
Con decisión, tomé su polla y él inclinó sus caderas más a mí, evidentemente invitándome. Lamí el líquido pre-seminal de la punta haciéndolo temblar. ¿Edward sabía bien o todos los hombres sabían igual? Ahora entendía mucho mejor porque a las mujeres se fijaban tanto en el tamaño del miembro del hombre. Lo introduje en mi boca de a poco, relajando la garganta y comencé a bombearlo con rapidez.
— Así... eso es, pequeña, con ganas — Edward jadeó tomándome de la cabeza y marcando el ritmo que deseaba. Lo miré a los ojos, como sabía que le gustaba. Gruñó con fuerza ante la visión y me lo quité de la boca para lamerlo desde la base hasta la punta, sin quitar de encima sus ojos que me penetraban. Cuando lamí su vena, gimió con ganas y me apartó — No nos distraigamos, mejor.
Aunque deseaba comerlo, tenía razón, teníamos pendiente la posición que había escogido. ¿Cuál sería?
— Recuéstate — Me indicó y lo obedecí. Se acercó a mí tomando mis piernas. Para mi sorpresa, no las separó. — Junta las piernas.
Fruncí el ceño. ¿En qué sentido debía juntarlas? Edward vio la duda en mi rostro y rió dulcemente. Ah, era mucho para mi corazón sus gestos.
— Así — Indicó mientras las juntaba pegadas una a la otra. Las echó pegadas a mis pechos. Acarició suavemente mis pies y los levantó. Mi centro tembló, estaba totalmente expuesta a él. ¿Qué clase de pose era ésta? Debí haber visto aunque sea la foto para darme una idea.
— Te informaré un poco sobre esto, no quiero que te duela — Lo dijo como si no tuviese importancia, pero me asusté — El libro nos muestra una parte positiva y negativa de dichas posiciones — Empezó con tranquilidad — Lo bueno, es que es una de las posiciones predilectas por la penetración máxima y profunda y la fuerte estimulación por la comprensión del vientre y de la vagina.
Eso sonaba condenadamente excitante. Esto sería rudo, entonces. ¡Ya quería comenzar de una vez!
— Lo malo — Advirtió con una sonrisa — Es que es potencialmente doloroso si no nos controlamos.
— ¿Para quién?
— Para ti.
— Oh — Eso cambiaba las cosas. Pues era tan expuesta la posición que podría dolerme las piernas más tarde. Estaba esperando la consideración de Edward con un "No lo haré doloroso para ti" pero no dijo nada.
Se acercó a mi centro, con mis pies encima de su pecho, mientras introducía lentamente su miembro a mi entrada. Incluso cuando era lento, mi cuerpo tembló, mis músculos vaginales trataron de amoldarse a su miembro pero esta vez llegaba más profundo de lo que antes le había sentido. Un fuerte gemido salió de mi garganta, y él no se quedó atrás, gruñó con ganas. Supuse que mucho no le faltaba después del espectáculo que había montado.
— ¡Edward! — Jadeé en busca de aire, nunca lo había sentido tan adentro, tan profundo, tan íntimo, por primera vez sentía que en verdad me estaba llenando.
— ¡B-Bella! — Jadeó con ganas — Dios, estás... increíblemente estrecha y mojada...
También era la primera vez que lo veía tan excitado, esto también debía ser placentero para su cuerpo. Y sin más preámbulos, empezó a embestirme con fuerza. Una corriente eléctrica golpeó mi cuerpo al sentir cómo me llenaba, nunca tan pocos movimientos habían sido suficientes para llevarme al borde. Cada embestida era un golpe de placer. Y yo ya estaba increíblemente sensible y mojada. Edward también jadeaba tensando la mandíbula, le gustaba también.
— ¡E-Edward! Estas.. tan.. aah... ah.. ahh.. a-adentro..
— ¡Y tú a-apretada! — Gruñó aumentando el ritmo de las embestidas. Eché la cabeza atrás permitiéndome gemir con ganas, no me faltaba nada para correrme pero hice el esfuerzo para esperar a Edward. No sólo era el ángulo de penetración, era la imposibilidad de mover las piernas, como si estuviese atada o algo, de nuevo estaba la frustración que me haría correr en menos de cinco minutos.
Forcé mis músculos a soportar las embestidas de Edward que aumentaba con mucha rapidez. Como nunca antes alguien me había llenado de esa forma, mis pobres músculos intentaban adaptarse a la intuición de Edward, pero era imposible. Supe entonces que iba a dolerme demasiado mañana cuando tomó mis caderas y aumentó las estocadas violentamente.
— ¡Oh, Dios! ¡Ah, ah, ah! — La habitación se había llenado de nuestros gemidos y el entrechocar de nuestros cuerpos.
— ¡Di mi nombre, Bella! — Edward jadeó sin frenar el movimiento frenético, esto era completamente nuevo para los dos, nunca antes Edward había reclamado tal posesión — ¡Dilo!
— ¡Edward! ¡Edward! ¡Edward! — Gemí tantas veces pude el nombre más hermoso que había escuchado en mi vida. Era tan doloroso que excitaba, podia sentir cada pliegue de su cuerpo tomándome con ferocidad, mi cuerpo no lo soportaría mas — ¡Me corro! ¡Me corro! ¡Ah!
— ¡Dámelo! — Exclamó con un gruñido y finalmente relaje mis músculos dejándome llevar por su miembro y fue cuestión de segundos sentir el tercer orgasmo del día mucho mas fuerte y demoledor que el anterior que yo consideraba "fuerte"
Fue la primera que me permití gritar de placer al sentir la última estocada de Edward y su violenta liberación acompañado de sus jadeos, gruñidos y gemidos y echaba la cabeza atrás, dándome una increíble vista de su cuello y su nuez de Adán. ¿Podía ser más hermoso y masculino? Mi vientre se llenó de su espeso y cálido semen, sintiéndome diez veces más completa que en cualquier otro momento.
Nos golpeó duro y de lleno el orgasmo, algo que por un momento me puso muy contenta por sentirlo con Edward al mismo tiempo, como si estuviésemos conectados. ¡Bendita sea su novia que podía gozar de esto durante tanto tiempo! Para mí sólo se trataba de un billete de lotería que debería aprovechar hasta su vencimiento.
Edward separó mis piernas, mirando mi rostro entre respiraciones pesadas. Nuestros cuerpos transpiraban, y una sonrisa somnolienta cruzaba nuestros rostros. Se separó de mi cuerpo, dejándome una pequeña sensación de dolor. Arrugué la nariz tratando de soportarlo.
— ¿Estás bien? — Al fin, su pregunta era en serio.
— Por ahora sí, no sé mañana — Reí, él me miró algo preocupado — Pero lo valió, créeme que valió.
— Lo sé — Sonrío con ganas — Creo que fue uno de los orgasmos más fuertes que he tenido.
Mi corazón se detuvo en seco y abrí los ojos impresionada. ¿Yo le había dado...? ¿En serio?
Me levanté para estar a su altura y noté con mucha vergüenza cómo mi centro goteaba su liberación, ensuciando la cama.
— L-Lo siento yo... — Edward se echó a reír, presenciando la escena — Esto es la cosa mas erótica que he visto en mi vida.
— De nada — Sonrió como un tonto, gruñí, deseaba besarlo con locura, pero ya no podía.
— Creído — Le saqué la lengua y rió. Me senté y volvió la sensación de dolor — Ni siquiera voy a poder sentarme.
— Fue tu culpa al no ver la posición, te arriesgaste a escoger cualquiera.
— ¿Mi culpa? — Exclamé — ¡Fue culpa de tu y tu polla!
Me avergoncé al decir esto en voz alta, pero cada vez se hacia mas fácil hablar libremente con él. Además, le gustaba, se estaba tomándolo con diversión.
Edward se acercó a mis labios, muy cerca.
— ¿Quieres repetir de nuevo lo que piensas de ella?
Mis mejillas ardieron de nuevo.
Tomamos una corta siesta antes de que Edward volviera al trabajo y yo a casa. Tal y como Edward me había advertido me dolían las piernas, no podía sentarme ni apoyarme con tanta facilidad. Sentía el cuerpo pesado y cansado, como si no hubiese dormido en 3 días. Edward me recetó un par de cremas para aliviar la irritación asegurándome que sería cosa de un día si tomaba reposo. Alegó en todo momento que había sido culpa mía por haber aceptado la estúpida posición sin ser consciente de las consecuencias físicas que traería. Tenía razón, me había equivocado, pero nadie le obligaba a ser tan brusco. Bueno, a mí me gustaba. De todas formas, antes de despedirse se disculpó seriamente diciendo que me lo recompensaría la próxima vez.
Me encontré a Alice ya en casa, feliz de su corta e improvisada cita con Jasper. No paraba de hablar de él y de las cosas que habían charlado. Alice había dicho que era "el indicado" cuando le dijo que le gustaría que algún día ella le aconsejara qué ropa usar. Me llamó la atención cuando comenzó a hablarme de su paciencia y serenidad cuando Alice deseaba hablarle de una que otra cosa, la forma en que su rostro se volvía tierno cuando no se sorprendía de las tantas historias de ella, o cómo se le arrugaban los ojos cuando reía cada vez que ella se criticaba así misma, se notaba que ya lo quería demasiado, Jasper había resultado ser igual de considerado y atento que Edward, debía ser cosa de familia…
La segunda cita no se hizo esperar mucho, al día siguiente Jasper invitó a cenar a Alice por la noche. Pasé todo el día descansando, sintiendo que la molestia en mi vagina había disminuido considerablemente, y estudiando un poco con la compañía de Jella. No recibí ningún mensaje ni llamada por parte de Edward y lo agradecí, mi cuerpo no estaba en condiciones de soportar otra ronda. Pero eso no evitaba el hecho de extrañar el sonido de su risa, sus muecas torcidas ni su dulce y enigmático aroma. No había pasado ni 24 horas de nuestro último encuentro y ya lo extrañaba. No sabía si eso era algo bueno o malo.
Tampoco sabía si lo volvería a ver el sábado. Iba a salir con sus amigos y con Alice. Habría aceptado la invitación de no ser por la hermana de Edward y la nueva novia de Emmett: Rosalie. Sabía que era algo así como una amiga íntima de la novia de Edward, y eso suponía un gran problema si me encontraba al lado de él. ¿Cuál sería la excusa? No debía jugar con la suerte, lo mejor sería alejarme de ella y mantener distancia con sus vínculos afectivos que conocieran a Tanya. Todavía no entendía por qué ni Jasper ni Emmett reprochaban lo que Edward hacía, como si para ellos esto no fuera un engaño. Ni tampoco parecía caerles del todo bien su novia, alegando que casi siempre tenía que pagarle sus cosas, la trataba fríamente… No podía creérmelo, alguien como Edward jamás estaría con una mujer fría y hosca. Él merecía mucho más que eso.
Alice llegó de su cita a las doce de la noche. Tenía una sonrisa de oreja a oreja y los ojos le brillaban. Rápidamente le pregunté por los detalles de la salida, nunca antes me había interesado tanto estas cosas, ni ella había entrado en detalles tampoco. No me sorprendí para nada cuando me contó que la había llevado a un restaurante costoso y que le había confesado que deseaba salir con ella. Ella aceptó y según sus palabras, se dieron un beso casto, porque a Alice prefería esperar a la salida del sábado para avanzar un poco el contacto físico. Ella se sentía cómoda y él también parecía estarlo. Jamás había visto esto en otras personas, que en cuestión de dos días se sintieran fuertemente atraídos el uno por el otro.
Pero sí me tomó por sorpresa cuando Alice cambió su sonrisa a una mueca decepcionada.
— Jazz me ha preguntado si yo también trabajaba como prostituta como tú… — Desvió la vista hacia el suelo, notablemente incómoda. Eso sólo me puso peor a mí.
— Le dijiste que no, ¿verdad? — Lo asumí como algo obvio.
— Así es. Pero fue algo incómodo, porque no se lo esperaba para nada. Le aseguré que no había hecho nada con nadie, que sólo te había apoyado a ti. Pero igual…
— ¿Sucede algo, Alice? — Su repentino cambio de humor me preocupó.
— Es algo lamentable tener que lidiar con ese pasado, no quería darle esa impresión a él.
La mirada en sus ojos, nostálgica y decepcionada, me hizo sentir terriblemente fatal. Por mi culpa ella estaba involucrada en ese pasado tan asqueroso que yo también deseaba enterrar en lo más profundo del centro de la tierra. Abracé rápidamente a Alice, no quería que ella sintiese ese mismo dolor que yo sentía.
— Lo siento, si no hubiese sido por mí, no te sentirías así…
Alice me apartó rápidamente.
— No digas eso, ¿sí? — Me sonrió — Fue decisión mía. Y es cosa del pasado, ¿no? ¿Qué caso tiene recordar esas cosas?
— Pero Jasper…
— Jasper aceptó mi pasado, y yo también acepté el hecho de que todavía salía con una chica llamada Ruth cuando Edward nos presentó — Dijo con una mueca divertida — Creo que lo incomodé por un momento porque no me gustó recordar eso, pero no es tu culpa, ni mía ni de él.
— ¿Estás segura?
— ¡Completamente! Además es cosa del pasado. Ahora todo es mucho mejor y distinto. No te preocupes por él ni por mí, que a penas llevamos unas horas saliendo — rió — ¿Entiendes?
Asentí muy a mi pesar. Ella podía decir que las cosas estaban bien pero se lamentaba haberle dado una mala impresión a Jasper. Nunca se lo había contado a alguien más, ni a otro hombre, Jasper debía significar mucho para ella para contar algo como eso, y yo era la culpable por haber ensuciado su pasado por mis caprichos. Necesitaba aclarar esto.
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— Me siento increíblemente cómodo con ella, como si la conociese de toda la vida. Sé que pensarás que voy muy rápido y que estoy ilusionándome mucho con ella, pero es algo distinto, es diferente a cualquier otra chica con la que he salido, cuando le confesé lo que sentía por ella no me sentí alterado, ni nervioso ni tuve miedo a ser demasiado directo ni muy pronto. Fue como si le contara lo que planeaba hacer mañana, como si fuese parte de la rutina. ¡Y ella lo aceptó de la misma forma!
Mi sonrisa debía ser la misma que la suya en estos momentos. Jasper hablaba de Alice como si fuese la mujer de su vida, iba a aconsejarle que se tome las cosas con calma, me parecía algo absurdo enamorarse de alguien en dos días, pero era algo de ver para creer, y ya los había visto, parecían un matrimonio los dos juntos. Y ella había aceptado, como si sintiese lo mismo que él. Era esa felicidad de saber que esa persona siente lo mismo que tú, no tiene comparación, por eso me alegraba encontrar a Jasper así.
— Y sus labios… dios santo. No fue un beso exagerado, fue simple, sencillo, tierno y muy dulce. Ella es tan dulce… Dios, siento que necesito verla de nuevo, nunca tengo suficiente de ella.
"Nunca tengo suficiente de ella", recordé esas palabras en mi cabeza cuando pensaba en Bella y nuestras sesiones de sexo. Deseaba con todas mis fuerzas tomar el teléfono y pedirle que viniera a mi maldita cama, pero las secuelas del día anterior seguían presentes. Además, debía sentirse cansada de verme tan seguido. Sería lamentable perder todo el sábado por salir con mis amigos y Alice. La única forma de divertirme sería buscando una chica para pasar el rato, pero no quería lastimar a Bella ni complicar las cosas con Tanya. Debía llamarla.
— Edward, ¿me escuchas? — Preguntó Jasper y reaccioné.
— Sí, perdón, estaba pensando en lo increíble de ustedes dos. Con tan poco tiempo ya te has enamorado de ella.
— Quizás enamorado es muy pronto todavía, pero nuestra relación ya es una exageración, así que se podría decir que sí.
— Me alegro mucho entonces — Sonreí — Me alegra que consiguieras una mujer indicada para ti, Jazz. Alice es una muy buena persona.
— Lo sé…. Pero siento que me he comportado como un imbésil.
— ¿Por qué?
Jasper suspiró.
— Recordé cuando dijiste que Alice era amiga de Bella, y bueno, que Bella había sido… prostituta en una ocasión — Eso me llamó la atención, me enderecé para prestar más atención — Bueno, yo pensé que…bueno, tuve la impresión de que quizás debía preguntarle por eso.
— ¿Le preguntaste si era prostituta también? — Pregunté con asombro.
— Lo sé, soy un estúpido desconsiderado. Por suerte me contestó que no, que sólo acompañaba a Bella para apoyarla, pero se sentía tan incómodo… no le gustó para nada eso, y temo que quizás eso le moleste y…
— No te preocupes, Jazz — Lo detuve — Alice no se ofendería tan fácilmente. Aunque entiendo por qué lo hizo. Pero no entiendo a qué te refieres con "por suerte"
— Tú sabes… yo, yo quiero demasiado a Alice, más de lo que algún día podría explicar. Pero, ¿qué le diría a nuestros padres o a Rosalie cuando me preguntaran sobre eso?
— Nada — Refuté molesto — No tienes por qué contarles, es simple.
— No soy bueno mintiendo y ocultando cosas como tú, Edward..
Me puse a la defensiva, odiaba que me tomara por mitómano.
— Ya te he dicho cien veces que no me gusta mentir, y porque sea bueno no significa que lo disfrute y lo haga cuando se me de la gana.
— Lo siento, tienes razón — Se disculpó rápidamente — Me alegra saber que ningún imbécil la haya tocado.
— Alice no es una mala persona y es una chica decente. ¿Te molesta el hecho de que sea prostituta?
— En realidad, no. No cambia absolutamente nada de lo que siento por ella. Incluso la admiro… tiene coraje.
Jasper se sentía de la misma forma que yo me sentía con Bella en ese sentido.
— Entonces no te preocupes por lo que dirán los demás — Chasqueé la lengua — Además, nunca estuvo con nadie, pueden ignorar ese detalle y listo.
— Supongo… aunque creo que debería llamarla y pedirle disculpas al respecto. Fue algo desubicado de mi parte ser tan directo.
— Pues… diría que sí. Ya tendrás tiempo para recompensárselo mañana en la noche. ¿Irá?
— Sí, sí. Dijo que quería que convencieras a Bella de ir, está nerviosa por cómo la recibirá Rosalie.
Rosalie… por ser la nueva novia de Jasper, estará a la defensiva. Pero Alice era una buena chica y muy tranquila. Al igual que Bella, no le interesaba nuestro apellido ni nuestro dinero, ni alardear con nuestra presencia en cualquier club nocturno. Diría que con mucha suerte se llevarían bien. Pero ella y Bella no. No existía ningún contexto en donde ellas pudieran llevarse bien, sobre todo por la diferencia en sus caracteres.
— Quisiera llevarla, Jazz. Pero no sé qué hacer con Rose. Además tú conoces a Bella, sabes que a Rosalie le encanta intimidar a las chicas como ella.
— Lo sé, pero podrías inventar alguna excusa. Podrías decir que, no lo sé, es una prima de Emmett.
— No involucremos a Emmett en esto, porque sabes que se lo terminará contando, aunque francamente no les doy más de un mes.
Jasper rió — Tienes razón. Bueno, tú eres el genio para inventar excusas, algo se te ocurrirá.
— Mmm. Pero no sé cómo convencerla — Dudé.
— ¡Tú eres muy bueno persuadiendo a las mujeres, usa tus encantos y hazlo!
Ambos nos reímos. Mis encantos habían funcionado muchas veces con Bella, pero ella era testaruda. Cuando decía que no, era porque no, y fin de la historia. No la convencería tan fácilmente de ignorar a Rosalie y salir con nosotros. Ni tampoco estaba seguro de una buena excusa para engañar a Rosalie. No había caso, mis amigos me consideraban el mentiroso del grupo.
Corté la llamada cuando Jasper decidió irse a la cama a descansar. Yo me sentía aburrido, tenía ganas de ver a Bella aunque sea al mediodía de mañana. Quizás allí podría convencerla de ir en la noche.
Mi celular volvió a sonar y me sorprendí cuando vi que la llamada provenía de Bella. Atendí rápidamente.
— ¿Hola?
— H-Hola, Edward. ¿Cómo estas? — Preguntó tímidamente, pero juraría que sonreía.
— Muy bien, ¿y tú? — Contesté con una sonrisa — No son horas para llamar, jovencita.
Me reí pero no escuché una risa del otro lado.
— Tienes razón, lo siento.
Ah, esta tonta Bella, siempre se tomaba en serio las cosas.
— Estaba bromeando, no estaba durmiendo ni ocupado, además quería hablar contigo.
— ¿Sobre Alice y Jasper? — preguntó sorprendida.
— No — Negué — Estaba aburrido, quería reírme contigo.
Esperé a su respuesta, que para mi deleite fue una risita.
— Lamento llamar tan tarde, yo también debería estar durmiendo. Pero algo me tiene inquieta.
Eso me tomó por sorpresa.
— ¿Qué sucede?
— Es… bueno, Alice y Jasper.
Suspiré aliviado.
— Ah, ellos… ¿la ha pasado bien Alice esta noche?
— Muy bien, está loca por él — Sentí su sonrisa — Está convencida de que es el hombre indicado.
— Qué curioso, Jasper piensa algo así de ella — Reí.
— Digo, me parece algo precipitoso, pero, ¿los viste?
— Sí — Reí — Parecen un matrimonio feliz e inocente.
— ¡Exacto! Como si fuesen el uno para el otro. Por eso me puse feliz por ellos, pero…
— ¿Pero…?
— Bueno, Alice se ha puesto algo mal por lo que Jasper ha dicho.
Oh, ¿tan mal había sido la cosa para que Bella se preocupara? Esto no alegraría para nada a Jasper.
— Me ha contado. Se siente pésimo por haberlo dicho. Mañana la llamará para pedirle disculpas.
— Oh — Bella se sorprendió — Eso es bueno, en realidad. Pero Alice se siente mal porque bueno, tarde o temprano debía contárselo, y ella no se siente muy orgullosa de su pasado.
— Bella, el pasado es cosa de ayer, el ahora es más importante, y ambas están bien ahora.
— Lo sé, y trato de enfocarme en eso, pero… es mi culpa. Alice ha dicho que no era gran cosa, y que no estaba molesta por la pregunta de Jasper, pero no puedo evitar sentirme culpable por haberla condenado a ese pasado tan miserable…
La voz de Bella se escuchaba exactamente igual como en la tarde de ayer. Estaba triste, decepcionada, no le gustaba para nada recordar su pasado, y era comprensible. Ella siempre se hacía cargo de los sentimientos de los demás, lidiaba con los problemas ajenos, algo en lo que nos parecíamos, y podía entender su preocupación. Su angustia por borrar cada rastro de ese pasado tan espantoso que la envolvía. Tanta molestia y sufrimiento para alguien tan pequeña como ella, tan débil, inofensiva, tan tierna… no quería verla así, ni escucharla triste, me frustraba demasiado. Alguien como ella, un ser tan bueno y tan puro no merecía vivir con esa carga tan pesada.
BPOV
Me sentía algo tonta de contarle estas cosas a Edward, pero necesitaba hablar con alguien, y pedirle que explicara a Jasper que era culpa mía, que no menospreciara el pasado de Alice por mi culpa, aunque no parecía haberlo hecho cuando Edward me contó que se había sentido mal por eso.
— Si tan sólo… si tan sólo pudiera enterrar ese pasado y olvidarlo para siempre — Susurré las palabras como si pensara para mí misma. Desearía olvidar las cosas que había hecho y el haber sido catalogada con esa profesión en algún momento de mi vida.
— ¿Y si te ayudo a olvidarlo? — La voz aterciopelada de Edward y sus palabras me hincharon el pecho de emoción y el corazón latió desbocado. ¿Qué quería decir con eso?
— ¿Q-Qué?
— ¿Y si yo te ayudo a olvidar el dolor que supone ese pasado?
No éramos nada, él no estaba enamorado de mí. ¿Pero por qué esa declaración me sabía a una pequeña y posible cuota de afecto hacia mí? ¿Más de la considerada racional? ¿Qué intentaba explicar con "ayudar a olvidar"? ¿Cómo lo haría?
— Edward, yo…
— No quiero verte mal — Susurró — No quiero que sufras ni que te sientas culpable por errores del pasado que no tienen importancia ahora. Ahora es distinto, tu situación es distinta, y quiero creer que algo tuve que ver en eso.
— Mucho — contesté rápidamente, y me sonrojé — Sí… uhm… tú me ayudaste demasiado…
Edward rió del otro lado.
— Si me dejas ayudarte, serás feliz de nuevo, y ese pasado quedará completamente borrado de tu memoria. Si es que me dejas hacerlo.
¿Edward me estaba pidiendo permiso para hacerme feliz? ¿Era esto un sueño? ¿Esto qué significaba? El corazón me latía frenético.
— Eres una persona tan buena, Edward. En verdad, tengo que agradecerte por no juzgar mi pasado.
— ¡Jamás haría algo como eso! ¿Qué queda para mí, entonces? Y esa fama de mujeriego y mentiroso que he adquirido en estos últimos días.
Me sentí mal, yo sí había prejuzgado su pasado, no cómo él que lo aceptaba de una forma respetuosa. No son cosas parecidas, pero es la misma actitud que importa.
— Perdóname — Me limité a contestar. Escuché que Edward suspiró. Me di cuenta que esta era nuestra primera conversación tan profunda y significativa.
— Es una broma, sé que lo sientes.
— Eres muy bueno, Edward — dije.
— Igual me iré al infierno — rió. Alcé una ceja.
— ¿Por qué dices eso?
— No lo sé… — murmuró sin ganas — A veces puedo ser mejor persona y no lo soy porque espero algo más de los demás. O deseo hacer felices a todos y a veces me sale al contrario. Me equivoco tantas veces…
Sentí que Edward compartía un poco de su alma al decir estas palabras. Tal vez se referiría a la infidelidad de su novia.
— A mí me pones contenta — Admití con mucho coraje. Pero luego me sentí una estúpida al no oír respuesta alguna. Hasta que su risa calentó mi corazón.
— Gracias. Al menos sirve para algo.
Fue mi turno para reír. Había tanto detrás de su apariencia que deseaba conocer, tantas inseguridades, tantas equivocaciones… el verdadero Edward.
— ¿Entonces? ¿Me dejarás ayudarte? — Preguntó nuevamente interesado. Me sonrojé y las mariposas volvieron a volar ávidamente sobre mi estómago.
— Ajam — me limité a contestar.
— Perfecto. Quiero que vengas el sábado.
Suspiré agotada. No quería negarle de nuevo.
— Edward…
— ¿Sí?
— No puedo… se complicarían las cosas y…
— Alice te necesita, no le digas nada pero le ha dicho a Jasper que me dijera a mí que lograra convencerte. Jasper también quiere verte, y el oso también. — Eso me tomó por sorpresa teniendo en cuenta que en ningún momento mencionamos la salida del sábado con Alice — Déjame planear una excusa.
Reí — Eres bueno mintiendo.
— Basta.
— Perdón — reí. Y él también se rió.
— Todos te cubriremos, no pasará nada, y nos divertiremos.
— ¿Seguro? — Todavía tenía miedo por Rosalie.
— Si Rosalie te dice algo, te defenderé.
Ah, de nuevo ese corazón traicionero que latía cada vez que Edward se refería a mí con tanta dulzura.
— Gracias.
— Si vas… no recordarás ese capítulo en tu vida por un buen rato. Y verás que un día para el otro habrás olvidado todo.
Los alientos positivos de Edward me levantaban mucho el humor y me hacían creer en un futuro cercano y posible donde yo jamás volvía a recordar las cosas malas de mi anterior trabajo.
— 1 mes se olvida rápido — Dijo haciendo referencia al menos de un mes que trabajé. Sonreí.
— Ok, me has convencido. Iré.
Escuché su risa de nuevo, no quería irme, quería seguir hablando con él.
— No será mucho, estaremos un par de horas y luego volveremos a casa a jugar un rato.
Me tembló el vientre bajo, esperando con ansias volver a jugar con él. Eres insaciable, Bella.
— Suena divertido.
— ¡Bella! ¿Has visto mi camiseta azul? — Preguntaba Alice desde el otro lado de la habitación.
— ¡Ahí voy! — Exclamé en voz alta para que escuchara, Edward también lo habría escuchado, no quería cortar la llamada todavía — Alice me necesita, tengo que colgar.
— Sí, he escuchado — Rió — Nos veremos mañana.
— Sí. Uhm… bueno, adiós.
— Adiós, Bella.
— Ah, ¿Edward?
— ¿Sí?
— G-Gracias. Por todo.
— No es nada.
— Sí lo es y lo sabes.
Edward rió.
— Adiós.
— Adiós.
Esa fue la primera noche que soñé con Edward Cullen.
Holaaaaaaaaaaaaaaa! Antes que nada, disculpen por haber tardado TANTO en subir este cap! Es que he estado ocupada con exámenes que ya terminaron y me fueron bien ^^ estoy constantemente en época para rendir, pero me tomo el tiempo para continuar ^^ Espero que les haya gustado, contestaré cada uno de sus reviews, muchas gracias! :D
Bueno, les comento que el próximo capítulo tiene un total de 37 hojas. Veré si me dejan subirlo o lo divido en dos, lo estaré posteando la otra semana :D Dato: es sobre la noche de juerga de los seis, finalmente! :)
Un adelanto largo, para compensar el tiempo que tardé en subir este :)
Capítulo 17: Ryan y Erica.
A continuación, empezó a manosearme suavemente, produciéndome escalofríos en la columna y vibraciones en mi centro.
— Me pregunto si… alguna vez podré… — Vaciló pensativo, lo miré a los ojos, tratando de entender sus palabras. Le dio un pequeño pellizco a mi trasero y me guiñó el ojo. Me quedé mortificada y me separé de su agarre.
— No.
Edward no se sorprendió por mi rechazo, pero no le gustó para nada.
Suspiré.
— Es que no quiero que cualquiera lo haga — Justifiqué segura de mí misma. Eso no era como un beso o un chupón, era prácticamente entregarle por completo mi intimidad y eso sí tendría que ser una persona a la que yo amara incondicionalmente.
Pero Edward no se tomó para nada bien lo que dije, lucía terriblemente ofendido.
— ¿Yo soy cualquiera? — Sin embargo, desplegó una sonrisa irónica. No me di cuenta que mis palabras podían malinterpretarse y decir que Edward no era nadie en mi vida para permitirle hacer una cosa como esa.
— N-No quise decir… — Me retracté rápidamente pero Edward soltó un bufido y se alejó de mí para retirarse a la otra habitación.
¡Dios mío! ¿Edward se había ofendido? Mi corazón tembló asustado, fui corriendo tras él, no podía estar peleada con él.










Tardaras Mucho En Actualizar ? Me Encanta Tu Fanfc Deberias Ser Escritora ;)
DEBERIAS PUBLICARLO YA.. ESTA HISTORIA ES MUY INTERESANTE.. POR FAVORRR NO NOS HAGAS ESPERAR TANTOOO ;)
porfa actualiza rapido este fic esta super bueno =) eres muy buena escritora te felicito
Att:**nubia padilla** =)