Cap 14: Me And The Handsome Man


Kamasutra

BPOV

Intercepté la llave en la puerta tratando de no hacer mucho ruido, aunque la puerta rechinaba tanto que era imposible pasar desapercibida. Abrí la puerta con mucha lentitud, esperando no encontrarme a una Alice enfurruñada. Para mi desgracia, ella estaba en la cocina. Me vio con un rostro inescrutable.

— ¿Tengo un teléfono, sabes? — Empezó su sermón aparentemente molesta — Pero sospecho que tú no has anotado mi número, pues no te han llegado mis mensajes. O en el peor de los casos, no sé, los has ignorado.

Me senté en una de las sillas del comedor respirando hondo. No me gustaba pelear con Alice.

— ¿Dónde has estado, Bella? Son las cinco de la tarde — Preguntó preocupada, tratando de sonar calmada.

— Te envié un mensaje diciendo que estaba en casa de Edward — Le contesté mientras sacaba mi celular del bolsillo.

— Sí — Aceptó con lentitud — Me lo enviaste a las una del mediodía.

No respondí más, la evidencia se mostraba por sí sola. ¿Qué le iba a decir? Efectivamente ese habían sido mis planes de todo el día. Alice comprendió mi silencio y se mostró sorprendida.

— ¿Estuviste cinco horas en casa de Edward? — Preguntó anonadada, asentí tímidamente — ¿Cinco horas en su cama?

Esta vez me miraba con profunda curiosidad, no me creía capaz de estar tanto tiempo con él. Me sonrojé porque yo así lo deseaba a veces.

— No técnicamente — Corregí.

Terminé por explicarle brevemente mi paradero. Le conté que había dejado un par de vestimentas en su casa sólo por si me quedaba muchos días allí, útiles de limpieza porque detestaba la idea de usar las cosas de su novia. También las cosas que él había comprado en el Sex-Shop, y con mucha vergüenza confesé lo útil que había sido el vibrador en la tarde. Normalmente no revelaba este tipo de información tan íntima, pero un caso distinto era Alice, con ella sentía mucha comodidad para expresarme.

— ¿Con que te gustan los vibradores? Mmm…. Quizás te regale uno para tu cumpleaños — Bromeó con una risita. Le miré de mala gana.

— ¡Alice! — Le regañé sonrojada — Estábamos cansados, así que tomamos una pequeña siesta antes de traerme aquí e irse a trabajar de nuevo.

— ¿Tomaron una siesta juntos? — Alice me preguntó sorprendida pero esta vez se mostró muy dulce. El detalle la había tomado por sorpresa, una sorpresa muy buena. Necesitaba acompañarla, yo también estaba contenta por eso.

— Sí — Sonreí — Me gusta dormir con él, es suave, cálido y huele muy bien.

Nos quedamos un momento en silencio. Personalmente recordaba mentalmente la sensación cálida de estar acostada encima de su pecho duro y varonil, pero terso y confortable. Podía sentir el leve aroma a cigarrillo, perfume masculino y su propia esencia en mi chaqueta.

— Debo admitir que yo creí que lo de ustedes era puramente sexual, Bells — Destacó Alice con asombro.

— Oh, lo es — Le recordé — Es que Edward es un hombre muy amable y considerado.

— Eso espero. Lo último que falta es que te termines enamorando de él — Se levantó de la silla con una risita.

Fruncí el ceño. No es que iba a enamorarme de él, habíamos fijado claramente los puntos y las distancias correctas. Pero, en caso de suceder, ¿qué tenía de grave?

— No te preocupes, eso no va a pasar nunca.

— ¿Ah, sí? — Alzó una ceja — ¿Y cómo lo sabes?

— Porque Edward se encarga de marcar un límite. No va a pasar más allá del sexo. Sólo nos divertimos. No voy a enamorarme de alguien sólo por que es muy bueno en la cama.

¿Verdad?

— Realmente desearía que tengas razón. No es muy conveniente enamorarse de alguien que ya tiene una novia.

Por supuesto, él la amaba. Y ella lo amaba. Ellos se amaban. Yo no entraba en ningún parámetro de esa oración. Podía ser la chica que complacía a su novio durante su ausencia, pero definitivamente el corazón de Edward no era mío.

Pero sí su cuerpo, por ahora…

— Tampoco puedo creer que lo hayas besado — dijo y le sonreí — Jacob va a matarlo.

Ugh. Jacob. Había olvidado por completo que él no estaba al tanto de la situación. En verdad iba a enojarse de saber que hacía esto, incluso más cuando se entere que acepté recibir ayuda de un desconocido para pagar mis estudios cuando él lo ha intentado durante tanto tiempo, y probablemente el hecho de estar pegada a Edward casi todos los días de la semana, tampoco sea de su agrado.

— Jacob no se tiene por qué enterar, Alice — Más que una respuesta era un recordatorio para mí misma.

— No le veo nada de malo en que lo hayas besado, en realidad, estoy contenta de que te animaras a hacerlo — admitió con una sonrisa de suficiencia — Pero no me gusta ocultarle cosas a Jacob, eso no trae buenos resultados nunca.

Ella tenía razón. Nunca antes le había ocultado algo a Jacob, y se sentía extraño. Como si lo sintiese lejano, yo no quería eso. Tendría que decírselo tarde o temprano, aunque se enojara con Edward. Pero no tenía que hacerlo, Bella. Jacob era mi amigo, y necesitaba entender mis razones y apoyarlas como un buen amigo.

Eso sonaba convincente. Lástima que Jacob no sólo era mi mejor amigo, era mi mejor amigo enamorado de mí. Cualquier otro hombre que demostrara cualquier tipo de afecto hacia mí le producía un rechazo total y una excesiva cólera que yo no era capaz de controlar.

— No te preocupes. Yo me encargaré de decírselo pero personalmente cuando vuelva. ¿De acuerdo?

Alice asintió después de pensárselo.

— ¿Y entonces, lo verás de nuevo en la noche? — Se acercó a mí con sagacidad.

— ¡Oh, no! — Negué con seguridad — Creo que fue suficiente por hoy. Además le dolía la cabeza, quizás quiera descansar esta noche.

Aunque personalmente no sería ningún problema volver a someterme a sus enseñanzas. Dios santo.

— ¿Entonces te quedarás? — Asentí — Porque voy a salir esta noche.

— ¿Ah, sí? ¿A dónde? — Pregunté con curiosidad. Hacía rato que Alice no salía con chicos, algo de lo que estaba muy acostumbrada.

— Con Liam — se limitó a contestar mientras se levantaba del comedor — Mi entrenador del gimnasio. Me ha invitado a salir.

Escuché un click en mi cabeza, recordando la petición de Edward de presentar a su hermano a Alice. ¿Aceptaría? Ahora que comenzaba a salir de nuevo, existía una posibilidad muy buena.

— Alice — la llamé — ¿Qué dirías si te digo que conozco un rubio, de ojos azules, arquitecto y despechadamente soltero?

— Te diría que es un buen prospecto — rió con esa voz tan dulce que la caracterizaba — ¿Por qué?

— Es el hermano de Edward, me preguntaba si te gustaría conocerlo.

— ¿Una cita a ciegas? — Asentí — Nunca he tenido una de esas — Deliberó con paciencia, su rostro se mostraba sorprendido, esto era nuevo para Alice, en otras palabras, algo emocionante y difícil de rechazar — Si no la paso tan bien hoy con Liam, aceptaré.

Alice solamente había tenido una sola relación seria, de la que poco sabía. No le gustaba recordar esas cosas, pero había salido con muchos chicos y por lo general eran aventuras que duraban semanas. Alice en cierta forma me recordaba a Edward. Todos los hombres caían en sus encantos, ella era tan femenina, dulce, simpática además de que le encantaban las aventuras de una sola noche. Estaba casi segura que Jasper sería otro de sus seguidores.

— ¡Ah! Por cierto, he dejado la lencería que te he comprado en la habitación. ¡Ven, así te la muestre!

Alice no esperó a que contestara, ni que mis neuronas procesaran las palabras que acababa de decir, me tomó de la mano y me llevó corriendo al dormitorio.

EPOV

Esa noche volví a casa a las 21:30hs. Me sentía cansado, no había dormido muy bien la noche anterior al ser arrastrado a casa de Emmett para enfrascarnos en una noche de películas como cuando éramos adolescentes para levantarle el ánimo a mi hermano. Además había salido una hora antes de terminar mi jornada de trabajo durante el mediodía para llevar a Bella al Sex-Shop. No obstante, había disfrutado tanto esa tarde, a pesar de la insistente migraña y el regaño de Carlisle por haber decidido saltarme una hora de trabajo. Como consecuencia, debía ir a trabajar mañana a las siete de la mañana, y no a las ocho como siempre lo hacía. Me sentía tan cansado que decidí que lo mejor para esta noche sería descansar.

No es que planeara llamar a Bella. Ya nos habíamos visto durante la tarde, y aunque mi cuerpo necesitaba volver a sentirla, no quería sofocarla tampoco. Suerte que en el fin de semana dispondría de ella las 24 horas.

"Era lunes y ya estaba pensando en el fin de semana. ¿Qué eres un adolescente de nuevo, Edward?"

Resolví que para no volvería a molestar a Bella por hoy. Sólo la vería los lunes, los miércoles y los viernes. Aprovecharía los martes y los jueves para retomar mi rutina en el gimnasio. No había vuelto desde que Tanya se había marchado y comenzaba a sentirme fatigado con asombrosa facilidad.

Aproveché para llamar a Jasper y preguntarle cómo se encontraba. Seguía deprimido, pero le informé que le había arreglado una cita con Alice.

— No lo sé, Edward — Su voz sonaba desanimada — Digo, no es que no quiera salir pero no estoy seguro de que una nueva chica sea la solución.

— Sí la será — Lo convencí rápidamente — Jasper, anda. Sarah es cosa del pasado, necesitas seguir adelante.

— ¿Es un poco pronto, no crees?

— Más pronto sea, más rápido la olvidarás. No te digo que te enamores de ella, simplemente conócela. — Jasper suspiró a través del teléfono — Soy tu hermano mayor y estoy dándote una orden.

Logré levantarle el ánimo, cuando escuché una risa silenciosa.

— Te diré una cosa, se llama Alice Brandon. Es una estudiante, muy simpática, muy bonita. Y no busca nada serio. No vas a comprometerte con ella ni necesitas enamorarte.

Jasper pareció pensárselo un buen rato. Sonaba muy convincente, incluso para él que lo último que necesitaba era otro romance trágico.

— Mmmm... Supongo que está bien — Dijo convencido. — ¿Dijiste que era amiga de...? — al parecer trataba de recordar su nombre.

— Bella — contesté.

— Bella, sí — repitió — Bueno, podríamos tener algo así como una cita doble, ¿qué te parece?

Sonreí — Me parece buena idea.

Jasper era una persona muy sensible, romántica y apasionada. Amaba estar enamorado. Era el único de los tres que se tomaba al "amor" con profunda seriedad. Lástima que las mujeres sólo buscaban para algo pasajero, o un polvo de una noche. Él no era ese tipo de persona. Se había a la tentación como muchas veces yo lo había hecho y había vivido sus aventuras de una noche, pero siempre se enamoraba de las mujeres equivocadas. Casi sentía lástima por él, quería que encontrara a esa mujer perfecta con la que tanto soñaba. No estaba tan seguro si le iba a caer bien Alice. Pero ella no quería nada serio, y Jasper tampoco, esperaba que se llevaran bien.

Con una increíble fatiga, decidí irme a dormir a las once de la noche, no sin antes llamar a mi Tanya como todas las noches. Tomé mi I-Phone e intenté llamarla. No contestó. Revisé la hora, a penas eran las 11:14hs de la noche. ¿Estaría dormida? Intenté de nuevo, y no contestó. Esperé cinco minutos, por si acaso estaba ocupada trabajando y volví a intentarlo, sin resultado óptimo. Bostecé involuntariamente, y opté por enviarle un mensaje.

"Intento llamarte pero no contestas. Quería desearte buenas noches. Te amo"

Edward.

No esperé a contestara porque cuando apoyé la cabeza contra la almohada, mis ojos se cerraron con mucha facilidad.

A la mañana fui a trabajar a las siete de la mañana, tal y como le había prometido a mi padre. Al menos, me sentía renovado y con fuerzas para empezar la mañana. El día transcurrió con mucha naturalidad y la tarde se hizo mortalmente aburrida. Le pregunté a Emmett si estaría disponible para acompañarme al gimnasio.

"Lo siento hermano, todavía sigo trabajando, en realidad, discutiendo con tu hermana. No la soporto"

Emmett.

Qué gracioso era ver a Emmett molesto con Rosalie y ella histérica por reconocer que no capturaba el 100% de la atención del oso cuando él cancelaba alguna audiencia por acostarse con otra mujer. Le aconsejé a Rosalie cien veces que no esperara un cambio en Emmett, las mujeres eran algo primordial en su agenda. No me molesté por la agresión, ¿quién soportaba a Rosalie en el trabajo?

Decidí ir por esta vez solo, por primera vez. Era un pequeño gimnasio privado al que concurría poca gente, debido al elevado costo de las sesiones. Traté de concentrarme en otras cosas, evitando las miradas indiscretas de muchas mujeres a mí alrededor. Incluso sentía la mirada competitiva de muchos hombres con un físico mucho más desarrollado que el mío, supuse que algunos me reconocían por haber venido años anteriores, sabían que era un Cullen, y por lo tanto contaba con sumas consideradas de dinero. No me sentía muy cómodo cuando era objeto de la atención por mi herencia familiar. En cambio, cuando se trataba de mi cuerpo, les restaba importancia.

No logré zafarme del flirteo de un par de chicas más jóvenes que yo. Incluso debían ser estudiantes, tendrían la edad de Bella. Pero en sus rostros podía ver la inmadurez y la imprudencia de niñas promiscuas. En otra época quizás me habrían excitado…

Antes de ingresar a las duchas, encontré un mensaje nuevo de Emmett.

"¿Todavía quieres ir al gimnasio?"

Emmett.

"Lo siento! Ya he terminado, te desocupaste?"

Edward.

"No! Tu hermana no me deja en paz!"

Emmett.

Sentí pena por Emmett, Rosalie era muy buena para sacar de quicio a alguien.

Volví a trabajar sin muchos inconvenientes. Tanya no respondía mis mensajes y eso me preocupaba. ¿Seguiría molesta? Tendría que llamarla de nuevo en la noche.

A las nueve de la noche, cuando terminé mi jornada, volví a recibir otro mensaje de Emmett.

"Estoy cansado de discutir! No puedo mantenerme político con una desquiciada!

Emmett"

No supe qué contestarle, tampoco quería responder cada uno de sus mensajes con el mismo contenido "Te lo dije" "Ya lo sé" "Tranquilízate"

Cuando llegué al departamento, me pregunté qué estaría haciendo Bella en estos momentos. ¿Debería enviarle un mensaje ahora o mañana? No, lo mejor sería mañana por la mañana si planeaba verla por la tarde. Todavía teníamos pendiente comprar el Kamasutra. ¿Le explicaba que ya tenía uno guardado en un cajón? En cuanto me pregunte el origen del libro se negaría rotundamente. Si usar cosas compartida entre Tanya y yo le provocaba rechazo, algo comprado por Tanya le generaría terror.

Mi celular volvió a vibrar.

"¿Puedes creer que ha dicho que la deseo? Yo? Antes se la quería poner, cuando no me sacaba de quicio!

Emmett"

Dejé el I-phone en la encimera, no tenía ganas de leer ese tipo de mensajes donde especificaba los deseos que tenía mi amigo con mi hermana tiempos atrás cuando su fantasía era acostarse con ella sabiendo que era un tabú porque era nuestra hermana.

Utilicé mi tiempo libre para ver un par de películas estreno en la televisión. Casi siempre acostumbraba a andar en casa en bóxers o con un pantalón de pijamas sin nada debajo. Hice zapping reiteradas veces, no encontrando algo que me convenciera para pasar el rato.

Una de las tantas películas por las que deliberé era romántica con escenas de sexo, pero siempre entre parejas, lo cual era algo empalagoso para mi gusto. No entendía el gusto y la apreciación de las parejas por hacer el amor. Si vas a intimar con una pareja, ¿por qué no lo haces divertido? ¿Qué necesidad había de hacerlo de una forma suave, lenta mientras se dicen palabras románticas al oído?

Quizás era algo normal, de todas formas Tanya y yo no éramos de ese tipo de pareja. Nos gustaba lo audaz, lo arrojado, lo intrépido. Jamás le decía palabras tan dulces como "eres mi vida" "te amo con toda mi alma" "somos uno sólo" como lo hacía esta pareja. Me reí cuando recordé que el único capaz de decir esas cosas era Jasper. Tampoco se le daba muy bien a Emmett.

Por un momento, recordé a Bella y su pregunta "¿cuál es la diferencia entre hacer el amor y tener sexo?", ella siempre tan inocente. Tampoco se escaparía de mi cabeza las imágenes gráficas de Bella, tendida en la cama, completamente desnuda. Su cuerpo estaba ligeramente mojado después de la ducha. Sus labios deliciosos, carnosos, rosados, cálidos eran increíblemente tentadores. Sentir su saliva me había vuelto loco, algo que no solía sucederme comúnmente. Sus pezones rosados, endurecidos por mi leve roce en ellos. Sentirlos en mis labios…

No había caso. Mi cuerpo respondía por sí solo. Tener sexo después de tanto tiempo había reavivado a mis hormonas. Necesitaba a Bella para saciar este deseo. Encontré un bulto en mis pantalones, y rápidamente los bajé. Si no tenía a Bella hoy, la tendría en mi imaginación.

Tomé mi polla desde la base, acariciándola un par de veces para endurecerla. Un suave jadeo salió de mis labios. Cerré los ojos y me dejé llevar recordando el rostro de Bella cuando le había mostrado el vibrador. Sus gemidos cuando posicioné el vibrador en su entrada, y la penetraba suavemente, haciendo que jadeara de una forma tan encantadora.

Me puse más duro y mojado cuando recordé sus movimientos y sus mejillas sonrojadas cuando el vibrador comenzó a moverse. Cruzaba las piernas para evitar el golpe placentero y se agarraba con fuerza ínfima de las sábanas, mordiéndose el labio. Aumenté las sacudidas, encontrándome muy excitado cuando me pidió que aumentara la velocidad

"Ahh, Edward…E-Esto me.. ugh... ummm... me... aahh... dame... quiero... ah.. ah.. más, más, quiero más..."

Aumenté la presión en mis manos, jugando con mi glande y siseando de placer.

"¡Sí! ¡Dame! ¡dame! ¡Quiero sentir más!"

¡Sí! Te daré… en cuánto vuelva a verte, te haré sentir lo que es el verdadero placer y la completa entrega de tu pequeño y suave cuerpo a mi polla, mis manos, mis labios…

Empecé a sentir el familiar cosquilleo en mi vientre bajo. No me importaría ensuciarme, podía sentir la voz temblorosa y dulce de Bella gimiendo en frente mío, como si reviviese el momento, sintiéndome un completo vouyerista por masturbarme mientras veía su entrega completa al placer y a la confianza en mí al aceptar el vibrador.

Jadeé anticipando mi liberación, concentrado en Bella y su pequeño y tentador coño mojado, abrazado a la textura del vibrador y…

Mi teléfono sonó. Y no era un mensaje, esta vez era una llamada. Quería ignorarla, me quedaba tan poco, hasta que recordé que esperaba una llamada de Tanya. Mi cuerpo se heló. Los pies de vuelta a la realidad. Mi erección se había caído en menos de un segundo. ¿Cómo era eso posible?

Rápidamente me subí los pantalones y fui a contestar la llamada.

— ¿H-Hola? — Me acomodé los pantalones.

— ¿Amor? — Escuché a Tanya del otro lado — ¿Qué sucede? ¿Por qué estás agitado?

— Atendí corriendo, por eso — contesté respirando hondo. No todos los días te interrumpen en mitad de un orgasmo — ¿Cómo estás, amor?

— Algo casada — murmuró sin ganas — Estuve trabajando mucho estos días. ¿Tú?

— Más o menos parecido. Intenté llamarte anoche pero no estabas.

— ¡Ah, sí! — Rió — Es que había salido con unas amigas.

— ¿Un Martes? — Fruncí el ceño — ¿A dónde fuiste?

— ¡Un club fantástico! Abre todos los días, lo cual me viene perfecto porque a veces me quedo hasta tarde trabajando los fines de semana. La música era genial, un ambiente muy fino sobre todo. Te hubiese gustado.

— Probablemente. Hace mucho tiempo que no hemos salido juntos de fiesta — Recordé con nostalgia cuando comenzamos a salir, fue la época donde más salimos de noche. Cuando la cosa se puso seria, dejamos de frecuentar clubes y nos volvimos más adultos, bueno, yo me volví más adulto yendo a cenar a restaurantes costosos.

— ¿Me prometes que saldremos de nuevo cuando vuelva? — Me pidió con un tono de voz optimista. Sonreí.

— Por supuesto, linda — escuché la risita dulce de Tanya, me sentí muy cómodo de volver a hablar con mi novia, la chica de antes — Sabes, he vuelto al gimnasio.

— ¿Ah, sí? — Contestó después de un rato.

— ¿Te sorprende? — bromeé.

— No…. Bueno, sí. ¿A qué se debe tu regreso?

— No lo sé, me aburro en las tardes, y me hace bien.

— Mmm… ¿a qué chica estás tratando de impresionar, Edward? — acusó seriamente. Me tensé por un momento. ¿Por qué suponía que quería impresionar a una chica? A decir verdad…. Sí, quería impresionar un poco a Bella. Rayos.

— A-A nadie bebé, ¿por qué piensas eso?

— Porque a ti no te importa tu apariencia. Si vas es por una razón específica — Tanya estaba en lo cierto. A mi no me interesaba lucir bien o mal, es más, a veces era algo perezoso y odiaba hacer ejercicio. La había subestimado tanto…

— Tanya, no tengo ganas de discutir contigo de nuevo, no saques las cosas fuera de contexto, ¿quieres?

Hubo un silencio.

— Hum. Bien, hablaremos mañana entonces — Contestó con voz decidida y tajante. Ella sí quería discutir, quería que la retuviera y le dijera que las cosas estaban bien, pero no lo haría.

— Bien, hasta mañana entonces — Respondí con una sonrisa burlona. Eso la enfadaría.

— Eres incorregible… — Gruñó molesta.

— Descansa, amor — Repetí riéndome. Se molestó tanto que terminó cortando la llamada. Esto me provocaba risa ahora, pero luego lo lamentaría. Al menos, había sido una discusión pacífica.

Las discusiones eran muy normales en nuestra relación, pero siempre las resolvíamos con sexo. Ahora que manteníamos una relación a distancia se estaba complicando. Quizás sólo debía ignorar sus reproches y esperar a que volviera.

Pero no quería que volviera ahora… Me gustaba mucho estar con Bella, y si ella volvía no tendría la oportunidad de haber experimentado tantas cosas con ella. Las cosas estaban bien como estaban ahora. Sin Tanya ahora, con Bella ahora.

El teléfono volvió a sonar. Era un mensaje. ¿Es que Emmett no se cansaría nunca? Cuando leí el destinatario sentí que el cuerpo volvía a calentarse con rapidez. Era Bella.

"Hola Edward! Quería avisarte que Alice ha decidido aceptar conocer a tu hermano, pero quiere saber más de él, qué le digo?"

Bella.

Esto era bueno, finalmente la salida podía concretarse.

"Dile que si a él le gusta, terminará pagándole la cena e invitándola el fin de semana próximo"

Edward.

Pero no creo que eso llegara a pasar. Jasper no estaba listo para salir con otra chica en algo serio. Sólo sería una salida divertida, sin compromisos.

"Dice que acepta, pero no por lo de pagar la cena. Y que no se lo digas a él"

Bella.

Solté una risa. Me las imaginaba a las dos, Alice diciéndole qué poner, Bella molestándose porque no le gustaba chusmear sobre otra gente.

"Que no se preocupe, no se lo diré lol. Qué opinas de vernos mañana a la tarde?"

Edward.

Esperaba a que dijera que sí. Me sentiría un poco estúpido si me rechazaba esta vez.

"De acuerdo!"

Bella.

Sonreí aliviado. La sorprendería comprando el bendito Kamasutra. Tenía que hacerlo antes de verla a ella. Tendría que ir a la librería de Steve, la misma a la que había ido cuando fui acompañado de Jessica…

El celular volvió a vibrar. Rápidamente lo cogí, pensando que se trataría de Bella, pero en esta ocasión era Emmett de nuevo.

"Acabo de follar con tu hermana. No me preguntes cómo ni por qué, luego te cuento"

Emmett.

¿Qué mierda había leído?

BPOV

Otra vez sentía nervios desde la columna, hasta los brazos y las piernas. ¿Es que jamás me acostumbraría a los efectos que causaba Edward en mi cuerpo? Saber que otra vez volvería a verlo, que probaríamos con otra cosa… Maldición, esto no le hacía bien a mi pobre y agitado corazón.

No es que me estuviera enamorando de él, él era tan bueno con lo que hacía que aceleraba mi corazón. Sí, me gustaba, me parecía increíblemente atractivo y muy buena persona, pero sabría poner los límites. Además merecía ser feliz y divertirme, como Alice me lo había dicho. Al fin algo bueno, divertido y emocionante me sucedía. Necesitaba aprovecharlo en cuanto la cuota se venciera… en dos meses.

Edward no me había avisado a qué hora pasaría a buscarme. Simplemente a la tarde, pero debía suponer que sería después del almuerzo. Fui a la librería cerca de la casa de Angela para buscar un libro de William Golding luego de visitarla un rato. Se la veía mucho mejor, como si nada hubiese pasado en el fin de semana. Ben seguía llamándola pero a ella no le interesaba, seguía enfrascada en sus libros como siempre lo había hecho. Eso me puso muy contenta.

Cuando llegué a la librería busqué la sección de libros correspondiente al autor. Supuse que se encontraría en uno escondido con un pequeño cartel que decía "DRAMA". Tardé aproximadamente diez minutos en encontrar el libro que buscaba, algo muy sorprendente ya que era bastante conocido.

Lo encontré escondido entre otros dos autores famosos. Hojeé rápidamente las hojas y me entretuve leyendo el prólogo. Me concentré tanto en la lectura que no me di cuenta que alguien se había acercado a mi lado, y había deslizado su mano hacia mis caderas.

Me di la vuelta y de un solo movimiento le propiné una cachetada. Me quedé helada cuando distinguí al autor del delito. Edward cerraba los ojos tratando de aguantar el dolor con mucha paciencia, sin reaccionar.

— ¡E-Edward! — Gemí dejando rápidamente el libro en la encimera para tocarle la mejilla golpeada. Tenía un leve tono rosado — ¡P-Perdón! ¡No te había visto! ¡Yo…!

— Está bien — rió calmándose el dolor con suaves caricias de la mano — Planeaba asustarte, no me ha salido muy bien.

— ¡Por supuesto que no! — Acusé algo molesta — Me has tocado las caderas…

Me sonrojé y vi que esto fue motivo de burla para Edward.

— Eres la primera mujer que me ha abofeteado.

Torcí una mueca — ¿Estuvo bien?

— Sí. Gracias por ser mi primera vez — sonrió.

Rápidamente realicé mi inspección sobre su vestimenta. Hoy usaba camisa gris, arremangada en las mangas. Sus pantalones negros, tal y como siempre se vestía cuando volvía de trabajar, por su melena ordenada. Me di cuenta entonces, que jamás me acostumbraría al efecto que su rostro hacía a mi corazón. Sus ojos eran hermosos, su mueca torcida me provocaba mariposas en el estómago. Argh. Sentía tantas ganas de abrazarlo con fuerza y sentir su aroma. Incluso besarlo. ¡Quería besarlo, maldita sea! Pero le había prometido que no lo haría en otro lugar que no sea la cama. Yo y mi maldita boca.

— ¿Qué haces aquí? Debo suponer que es tu librería favorita — Recordó la anterior vez que nos habíamos visto, en realidad, cuando lo había visto con su secretaria. Me dieron escalofríos sólo de recordar cómo había terminado esa noche.

— Se consiguen buenos libros, estaba buscando este — Le mostré la portada del libro. Sonrió divertido.

— "El señor de las moscas", ya lo he leído, es muy interesante.

Si pasar tiempo con Edward me hacía feliz, hablar de libros con él me hacía sentir como una adolescente hablando con su ídolo. Juntar dos placeres, era demasiado para el poco aire que recibía mis pulmones. En estos momentos, mi sonrisa debía ser la de una tonta colegiala.

— ¿Buscas algo? — pregunté recordando que a él también le interesaban los libros.

Edward me miró con una mueca divertida, maliciosa, picarona… la misma que ponía cuando estábamos en…. Mi centro se contrajo cuando me mostró su libro. No había bromeado cuando me ofreció lo del Kamasutra…

— ¡Oh! — contesté sintiendo el rubor aparecer en mis mejillas. Me mordí el labio. Quería irme de aquí ahora mismo y enterrarme en su cama, de una vez por todas.

— ¿Edward? — Una voz femenina detrás de nosotros lo llamó. Nos dimos vuelta y la sangre se fue de mi rostro. Era una morena de cabello oscuro largo, una sonrisa increíblemente perfecta, su cuerpo tonificado, senos grandes, caderas anchas. Vestía un vestido muy escotado que no dejaba absolutamente nada a la imaginación. Sonrió lascivamente a Edward que para mi sorpresa, llevó el libro atrás suyo, como si no deseara que ella lo viera.

— Zafrina — Saludó Edward amablemente. La chica se acercó a él para tomarlo del cuello y darle un beso en la mejilla. Edward también lo hizo. ¿Por qué lo agarraba de su hermoso cuello? Me molesté un poco.

— Creí que ya te habías ido a tu casa — Comentó con mucha sorpresa. Ellos… ¿se veían muy seguido para saber la rutina de Edward?

— Ah, sí — contestó despreocupadamente — Pero aproveché un rato libre para buscar algo aquí.

Zafrina rió coquetamente. ¿Por qué yo no podía reírme así?

— Tú siempre con un libro en la mano, tonto — Disimuladamente, acarició su brazo suavemente. ¡Argh! — ¿Te gustó el que te regalé para tu cumpleaños?

¿Su cumpleaños? ¿Edward había cumplido años? ¿Cuándo? ¿Por qué no me dijo nada? No éramos nada… pero éramos amigos. ¿O no me consideraba nada? Si le había regalado un libro para su cumpleaños, debía conocerlo muy bien.

— Sí, por supuesto. Me gustó mucho — Edward usaba su tono de voz despreocupado y sonriente. Me estaba sintiendo peor aún.

— Por cierto, ayer te vi en el gimnasio — ¿Qué? ¿Edward también iba al gimnasio? Bueno, no era de sorprenderse, debía cuidar su figura… — No pude saludarte, estabas ocupado con un par de mocosas.

¿Cómo que mocosas? ¿Edward estaba con chicas en el gimnasio? Fingí no estar a su lado, pero ahora más que nunca escucharía la conversación.

— ¿En serio? No lo sé, cuando estoy ejercitándome no presto atención a nadie, esas chicas se me acercaron — Contestó Edward sin alarmarse y en un tono de voz más alto de lo normal. ¿Quería que yo escuchara la verdadera respuesta?

— Mmmm. Tienes razón, tus épocas de mujeriego han quedado en el pasado — Zafrina coincidía con él, segura de lo que decía. Yo también debía estar segura de él si decía la razón.

Una chica tan linda y aparentemente inteligente que conocía a Edward, era suficiente para enamorarlo. ¿O, no? Me sentí mal, yo también deseaba conocer a Edward, saber qué hacía, qué le gustaba, lo quería en mi vida y que él me considerara parte de la suya. Así lo creía yo, no puedes simplemente ignorar a la mujer con la que te acuestas y supuestamente has dejado de acostarte con otras por ti. ¿O sí? ¿Edward era tan insensible como mis miedos suponían? ¿Había estado ignorando este detalle para no salir lastimada? ¿Por qué me sentía lastimada? Si yo no era algo especial en su vida. Pero, ¡rayos! ¿Tanto deseaba saber sobre su cumpleaños y sus rutinas? No me sentía completamente agusto saber que otras chicas se acercaban a Edward. Sabía que no sería capaz de engañarme, pero ¿por qué me molestaban tanto?

— ¿Qué has comprado? — Preguntó ella con curiosidad. Edward le mostró el libro, aparentemente tranquilo — Oh… mira tú — Su voz sonó cien veces más lasciva de lo normal — Creí que tenías uno en casa…

¡¿Por qué esa perra sabía que tenía uno? ¡Ah! ¡Cálmate, Bella! Nunca antes había insultado de esa forma a otra persona, pero, maldita sea, ¿por qué sabía tanto? ¿Sería una ex novia?

— Sí, pero no me gusta leer libros viejos — En otro contexto, esa frase me habría provocado mucha ternura.

— ¿O será que vas a usarlo con otra persona? — Preguntó con cautela. Me enderecé sintiendo que mis manos sudaban de repente.

Edward soltó una risotada. — ¿Cómo piensas? Es para mi novia, Zafrina.

Eso era peor que cualquier otra contestación. Incluir a su novia.

— Ya veo — Respondió ella — Yo necesito un libro de cocina. He optado por probar un poco mis habilidades. Pero no encuentro nada.

Y no vas a encontrar nada en esta sección, pensé. ¡Lárgate!

— Disculpa, ¿podría decirme dónde se encuentran los libros de cocina? — Zafrina le preguntó a alguien amablemente, me di la vuelta cuando sentí que Edward se daba vuelta a mi lado. Zafrina me estaba preguntando a mí.

Fruncí el ceño.

— Yo no trabajo aquí — Escupí sin ninguna amabilidad. Debía haberme confundido con mis jeans y mis zapatillas desgastadas, y mi blusa color azul marino.

— ¿Ah…. No? — En su rostro se notó la incomodidad pero no por haberme confundido, sino por la notoria diferencia en nuestras vestimentas. Ella parecía una mujer coqueta, elegante, femenina, yo me vestía como completamente opuesta a ella.

— Ella es mi amiga — Edward se acercó a mi lado y puso su mano en mi hombro. Eso me sorprendió bastante. ¿No quería ocultarme? ¿O le había dado pena por la mirada indiferente de Zafrina?

Zafrina alzó una ceja, la sorpresa en su rostro era muy graciosa.

— ¿Tu… amiga? — ¿Esta chica no sabía lo que eran modales? Estaba siendo muy grosera, y no parecía ser la única que lo sentía.

— Sí. Se llama Bella, es de un club de literatura al que asisto — Me defendió mintiendo de una forma tan elegante y seguro de sí mismo.

Tuve miedo de que Zafrina se diera cuenta del tipo de relación que tenía con Edward. ¿Y si se enteraba? ¿Y si se lo decía a alguien más? ¿A algún conocido de Edward? ¿Conocería a su Tanya? Las piernas comenzaron a temblarme con mucha facilidad.

— Ah, lo siento mucho, te confundí entonces — No le dio mucha importancia, porque claro, ¿cómo Edward podía engañar a su novia con un chica piltrafa como yo?

Zafrina tomó del brazo a Edward con mucho disimulo para acercarlo a donde ella estaba. Edward así lo hizo, dejándome de nuevo atrás suyo. En un arranque de posesión, quise traerlo de nuevo a mi lado.

— ¿Y Tanya? ¿Cómo está ella? — Preguntó con profunda curiosidad

— Ella está bien, sigue en Chicago trabajando — Edward se limitó a contestar simplemente. Sin dar detalles.

— Ayer, en el gimnasio, viéndote me acordé de nuestra pequeña aventura, ¿te acuerdas? — Juraría que ahora utilizaba un tono muy sugestivo, y acariciaba dulcemente su brazo. Así que era una ex amante suya.

Zafrina rió jocosamente, me molestó mucho escuchar a Edward también riéndose.

— Lo recuerdo, era un crío en esa época — Bueno, al menos no había sido pronto. Pero eso no quitaba que fuese amante suya.

— Siempre podemos intentarlo de nuevo, tú sabes — Abrí los ojos con fuerza. ¿Qué contestaría Edward?

— Sabes que tengo novia… — Él contestó como si se disculpara. ¿Entonces él quería? ¿Le impedía nuestro trato?

— Pero ella no está, nadie tendría que saberlo — Ahora estaba siendo lasciva. Su cuerpo estaba pegado al de Edward, y sus rostros a pocos centímetros. ¡Pero estaba yo a su lado! ¿No podía ser más discreto?

— Mmm no, Zafrina. Lo siento — Edward la apartó con mucha discreción. Me sentí aliviada.

— Bueno — Aceptó ella con una sonrisa traviesa — Si cambias de parecer, ya sabes…

Zafrina estaba a punto de marcharse, hasta que todo se volvió lento y doloroso. Zafrina depositó levemente sus labios sobre los de Edward, él se sorprendió pero no la rechazó. Ella le mordió dulcemente el labio superior y le guiñó el ojo, alejándose de la librería sin despedirse de mí.

Creí que me dolería, que sentiría mucha tristeza de ver que otra mujer que no era su novia besaba los labios de Edward. Pero en vez de eso me llenó una ola de ira. Furia. ¿Cómo podía hacerlo en frente mío? ¿Por qué aceptó el beso? ¿Edward, después de todo, era un mujeriego? ¿No podía rechazarla cortésmente? Y sobre todo…. ¿Podía besar a cualquier mujer y yo no podía aceptar la estúpida llamada de Mike?

Estaba indignada, me había faltado el respeto, necesitaba irme y no verlo, sino volvería a abofetearlo. Dejé el libro de nuevo en la estantería, lo compraría más tarde. Y fui a zancadas hasta la salida. Ni siquiera me despedí de Edward.

— ¿Bella? — Escuché que me llamaba desde lejos, pero no me importó. — ¡Bella!

Lo sentí cerca, y me tomó del brazo, deteniéndome.

— ¿Por qué te vas? — Preguntó realmente confundido, como si no supiera la razón.

— ¡Eres un idiota! — Bufé sintiendo el calor en mi rostro, y no precisamente por un sonrojo.

Me solté de su agarre con rudeza y abrí la puerta, saliendo de la librería. Edward me siguió, afligido.

— ¿Qué sucede? ¿Por qué estás enojada? — Preguntó, sin importarle causar una escena en medio de la vereda.

— ¡No quiero verte! — Gruñí dándome la vuelta para hacerle frente. Me miraba con asombro, no esperaba verme así.

Seguí caminando en frente, no me llevaba a ningún lugar conocido y tarde o temprano tendría que dar la vuelta para tomarme el autobús que me llevaba a casa. Rayos.

— ¡Al menos déjame llevarte a casa! — Exclamó un par de metros alejado de mí. Me paré en seco. ¿Así que no planeaba preguntarme por qué estaba enojada? O quizás pretendía dejar que me calme para hablar de esto.

— Sí, ¿sabes qué? Llévame a tu casa — Le pedí siendo fría. Al menos, buscaría mis cosas. Edward asintió y rápidamente fui al volvo. No esperé a que me abriera la puerta de co-pìloto. Me senté en los asientos de atrás, no quería tenerlo al lado, me indignaba aún más. Me topé con su maletín y su delantal. Los moví a un costado para no tenerlos cerca.

Edward entró al volvo mirándome desde el espejo retrovisor. Giré la vista hacia la ventanilla, se había dado cuenta que esto era grave, pero yo no quería estar a su lado, podía sentir el perfume de Zafrina encima. ¡Argh! ¿Por qué no se resistió? O al menos, ¿por qué tuvo que hacerlo en frente mío? ¿No podía esperar otro momento? ¡Incluso cuando nos prohibimos vernos con otras personas! ¡Y ni siquiera puede reconocer el error! ¡Imbécil!

Llegamos a su departamento muy rápido. En silencio, fuimos directo hacia su piso. No me atreví a mirarlo, ni él a decir algo. Cuando entramos, fui rápidamente hacia su dormitorio. Allí estaban mis ropas y mi maletín. Puse el maletín en la cama y fui al ropero a buscar mis blusas y mis pantalones. Edward llegó en menos de un segundo y se paró en seco.

— Wow, ¿qué estás haciendo ¿Por qué guardas tu ropa? — Se acercó a mi lado y automáticamente alejó la maleta de mi lado, lo miré incrédula.

— Me llevo mis cosas, ¿qué más crees? Esto se ha terminado — Sabía que me arrepentiría mañana de mis palabras, pero no podía pensar en nada. Edward había colmado mi paciencia, si tan feliz era con esas chicas, me haría a un lado.

— ¿Por qué? — Exigió frunciendo el ceño. Seguía alejando la maleta. Gruñí.

— ¿Quieres estar con esas zorras? ¡Ve! No te ataré más con este trato, me iré y serás libre — Escupí con una sonrisa falsa.

— ¿Te refieres a Zafrina? — Preguntó sorprendido. ¡Ah! No era más tonto porque no se entrenaba. — Bella, ¿te molestaste por ese beso?

— ¡Pues sí! — Tiré una de las blusas con odio a la cama — ¿Crees que vas a faltarme el respeto así? — Edward cambió su mueca fruncida, a una sorprendida, eso no se lo esperaba — ¿No puedes cumplir el trato? ¡Entonces, que no haya trato!

— Bella, no pude esquivarla tan rápido — bufó, yo seguí guardando mi ropa en la maleta, eso no le gustó para nada, tensó la mandíbula — ¡Bella, escúchame!

— ¡No, tú escúchame! — Lo desafié — No puedes prohibirme estar con otra persona y dejar que ella te bese en frente mío, no me faltaras el respeto así.

Estuvimos un rato en silencio, yo seguía guardando la ropa desenfrenadamente, quería largarme de aquí o terminaría rompiendo en llanto.

Edward tiró la maleta al suelo, con mucha fuerza. Me quedé helada por la fuerza que debía haber empleado. No, él no me aterraría.

— Tú no te vas — Sentenció tajante, con una mirada desafiante.

— ¿Ah, no? — Usé el mismo tono para demostrarle que no me intimidaba, que si quería discutir y pelear, así lo haría. Me sentía humillada por esta estúpida Zafrina, no dejaría que volviese a faltarme el respeto.

Edward se acercó a la puerta y la cerró con llave. Se dio la vuelta y me penetró con esa mirada oscura y maliciosa.

— No.

¿Me estaba prohibiendo salir? ¿Encerrándome? ¡Qué infantil!

— Déjame salir, Edward — gruñí acercándome a él.

— Inténtalo — Me desafió severamente. ¿Ah, sí? Iba a hacerlo, o perder en el intento, pero no me vencería.

Rápidamente fui hacia la puerta, pero sus brazos grandes y fuertes detuvieron mis pequeños brazos débiles, no estaba siendo agresivo conmigo, simplemente estaba ejerciendo resistencia, quise empujarle el brazo para alcanzar la puerta. ¡Pero era imposible! Eran tan fuerte, tan grande, tan varonil, tan déspota, tan seductor, tan excitante…

¡Maldita sea! ¿Hasta en esto me excitaba?

— ¡D-Déjame salir, Edward! — Gruñí tratando de derribarlo, pero él ejercía fuerza para llevarme hacia atrás, lejos de la puerta.

Poco a poco, nuestros rostros se acercaban, él me miraba tenso, con la mandíbula apretada, yo con mucha frustración. Ninguno de los dos iba a ceder, mi cuerpo se pegaba al de él y no podía derribarlo, ni esquivarlo, él me tenía controlada, mi fuerza no significaba nada para la suya. Nuestros ojos se encontraron, y se quedaron allí, absorbiendo la frustración del otro, y el deseo… deseo al sentir nuestros cuerpos tan cerca, tan pegados, emanaba una increíble influencia en mi cuerpo, de posesión despótica, él quería que yo hiciese lo que él me ordenara, y una parte de mi cuerpo quería complacerle ese capricho. Perdí la noción de la situación cuando vi sus labios carnosos, muy cerca de los míos.

Edward gruñó y tomó mi cuello para acercarme a él y estampar sus labios sobre los míos, con mucha frustración. Se los acepté, estaba tan frustrada que podía rendirme al deseo que sentía por este hombre.

Era la primera vez que besaba a Edward con tanta desesperación, con tanta necesidad. El odio no se había ido, se había transformado en pasión, deseo, locura por él y su cuerpo. Y él parecía reaccionar de la misma forma. Mis manos se fueron a su cabello y se lo jalé sin ninguna delicadeza. Él me tomaba del cuello y las caderas con posesión. ¡Ah! ¿Podía besar chicas y tomarme de esa forma? Odiarlo me hacía desearlo aún más, una sensación que desconocía hasta el momento.

Mis manos serpentearon su cuerpo entero, sus hombros, su pecho, su abdomen, sus brazos, su cuello, su boca. Era una batalla sin fin nuestras lenguas. ¿Era posible mojarse tanto al sentir la calidez de su boca, su saliva y su lengua? Mordí su labio superior atrayéndolo, provocándole un fuerte gruñido. Me miró con sorpresa, y lo reté con una ceja alzada. Gruñó y me empujó sobre la cama, cayendo encima de mí.

Esta vez era distinto, Edward no me acariciaba con dulzura, ni tampoco con sensualidad, era un movimiento urgente, desesperado por contacto, incluso estaba siendo algo rudo cuando tomaba mi cuello con su mano y con la otra mano tanteaba mi cuerpo. Era un nuevo Edward que yo desconocía, y tal como había sucedido con sus otras facetas, me encantaba.

Se separó de mí para quitarme la camiseta de un tirón, lo ayudé levantando los brazos. Todavía me sentía frustrada por la situación, y sus caricias… bueno, sus toques rudos no ayudaban mucho que digamos. ¿Quería pelear en la cama? Pues así sería.

Aproveché para desprenderle el segundo botón de su camisa, pero no me sentí satisfecha, así que tiré con fuerza varias veces para quitarle la camisa, lamentablemente perdió dos botones de la camisa por mi arranque furioso. Edward se quedó mirando la situación, con una mirada cargada de lujuria, sorpresa y malicia.

— ¿Qué has hecho? — Demandó al ver su nueva camisa arruinada. Por un momento temí que esto cortara el momento, pero al fin y al cabo tenía derecho a estar molesta, así que para darle hincapié a la situación moví mis caderas hacia arriba, chocando deliciosamente con su erección grande y dura. Jadeó desprevenido. — Ahora vas a ver.

Bajó su rostro para empezar a lamer y a mordisquear mi cuello. Tomé de su cabello para despeinarlo a mi antojo, tal como a él le excitaba. El movimiento de su boca era demandante, no estaba siendo ni considerado ni caballeroso. ¿Y si me dejaba un chupón en ese lugar visible? Mientras desprendía mi sostén volvió a besarme con frenesí los labios, nuestras lenguas enfrascadas en una batalla. Y como un click en la cabeza, me vino a la mente la imagen de Zafrina besando apasionadamente a Edward, y me indigné aún más. Gruñí y lo alejé empujando sobre sus hombros, con fuerza.

Edward me miró seriamente.

— ¿Tienes el descaro de besarme así después de haberla besado a ella? — Lo desafié sin temor alguno — No soy tu juguete.

— Oh, claro que sí — Jadeó volviendo a lamer mi cuello, descendiendo lentamente por mi pecho — ¡Eres mi juguete, Bella Swan! Hecha para mi placer, sólo el mío, y el de nadie más.

¿Cómo que el de nadie más? ¿Después de lo de hoy, reclamaba mi cuerpo? Esto sólo me generaba más ira, y él podía sentirla, y se burlaba de esto. Y Dios, cómo me excitaba…

— No… soy tuya — Jadeé con dificultad, su lengua en mis pezones comenzaba a dificultar mi motriz.

— ¿Eres mía? Así me gusta — Repitió malinterpretando mi oración. Me quitó los jeans de un solo tirón, siendo brusco.

— ¡Que no soy tuya! — Exclamé molesta y él se levantó para mirarme a los ojos. No estaba bromeando, ni planeaba seducirme. Hoy sólo se trataba de su placer, que también era mi placer.

— ¿Quieres que te haga mía, entonces? — Ofreció con una voz oscura que prometía una sesión de sexo que me dejaría doliendo las piernas. Gemí.

Fue directamente a mi ropa interior para quitarlas de un tirón, tomó mis piernas con fuerza, haciéndome gemir de sorpresa y sus labios fueron directamente a mi clítoris. Gemí alto cuando empezó a moverlo de un lado para el otro con la punta de su lengua. Nunca me acostumbraría a sentir su respiración sobre mi parte íntima, eso me excitaba doblemente. Empezó a mover su lengua de derecha a izquierda con abismal velocidad, haciendo que chillara y tratara de cerrar las piernas, pero él las mantuvo firme sin importarle si ese movimiento me dolía o algo. Esa traviesa lengua serpenteó todo el camino, desde mi clítoris hasta mi centro, con mucha velocidad, bebiendo de mis jugos. No se apiadó de mí cuando fue directo a mi centro moviendo en forma de círculo.

— ¡E-Edward! — Jadeé mientras él propinaba besos mojados a mi empapado centro. Era un nuevo movimiento, más agresivo, más rudo, más déspota. Realmente me estaba tomando y haciéndome suya con posesión y con ganas. No quería correrme tan fácilmente, sería como una batalla perdida, no iba a regalarle mi orgasmo, mi satisfacción, no sería tan fácil.

Entonces, una idea maliciosa cruzó mi mente. Con mucha agilidad y fuerza me deshice de su agarre aprovechando su poca atención en la fuerza y completa a mi sexo, cayendo mis caderas en la cama. Me miró con atónita sorpresa. Lo había desafiado.

— ¿Ah, sí? — Preguntó en voz alta, realmente cabreado. Por su mirada, ya se lo estaba tomando muy en serio, pero frustrarlo sólo me divertía más a mí. Ten tu merecido, Cullen.

Edward, con un movimiento ágil se quitó la hebilla del cinturón de un tirón y lo tiró al piso con agresividad. El sonido del metal de la hebilla cayendo al suelo me puso nerviosa. Pero Edward no me lastimaría, no era capaz. Solamente quería demostrarme que estaba molesto y no quería juegos. Pues, yo también estaba molesta, así que no cedería por él.

Se quitó los pantalones y el bóxer a la vez, haciendo que su enorme y dura polla saltase en frente mío. Mi máxima debilidad en la cama, ¿por qué era tan perfecto? Podría olvidarme de todo y comérsela, o dejar que me follara hasta perder noción de la situación. Pero no caería tan fácilmente. Era más fuerte.

Inmediatamente, tomó su bolla desde la base, y comenzó a masturbarse violentamente. Solté un gemido inconsciente, siempre había querido ver a Edward masturbándose, y lo hacía a propósito, porque sabía que eso me prendía mucho…

Me miró con una mirada arrogante.

— ¿Te gusta mi polla, no? — Fruncí los labios, molesta, porque tenía razón — Lo supe desde el primer momento en que me la comiste. ¡Con tanto deleite! Todavía recuerdo la sensación de tu saliva junto con mi semen. Te encantaba.

¡Ah, maldita sea! ¡Lo odiaba tanto! ¡Pero lo deseaba como nunca antes! Y me encantaba cuando me hablaba así de sucio. Tenía razón, me encantaba, su semen, su polla, todo, maldición. Estaba refregándome en la cara las cosas que había hecho con tanto placer, pero yo no sacaba a Zafrina de mi cabeza, no señor. Eso es algo que no olvidaría fácilmente.

— Pero no recuerdo cómo se sentía esa lengüita enroscada en mi falo. ¿Te gustaría refrescarme la memoria? — Ahora se burlaba, tenía esta estúpida sonrisa socarrona que yo tanto amaba. ¿Cómo podía negárselo? Si la situación fuese distinta, correría deseosa de su cuerpo. Pero no podía entregarme tan fácilmente, no después de lo que hizo.

— No — Contesté imitando su sonrisa maliciosa. No esperaba la respuesta, o no deseaba que esa fuera, pero no estaba completamente molesto, sino algo sorprendido, esto ya no era una dominación, era una guerra de poderes, que ni él ni yo cederíamos.

Edward tensó la mandíbula y se acercó a mí, temblé de anticipación. Con su mano, tomó mi cabello y le dio una pequeña pero igualmente molesta sacudida de advertencia.

— ¿Lo tengo que hacer yo, o prefieres hacerlo tú? — Preguntó con voz tajante y oscura. Me estaba dando a elegir realmente, porque no tendría problema alguno en hacerlo él mismo. Gemí sin control alguno, no tenía duda alguna de su control, sabía que esto era un juego, uno de las tantas cosas que tenía que enseñarme. Y sabía cómo terminaban este tipo de cosas, con un fuerte dolor en el centro…

— Lo haré yo — Contesté con una sonrisa falsa. Le daría su muy buen merecido.

Tomé la base de su polla con decisión haciendo que su cuerpo temblara. Me hice el cabello hacia atrás para enseñar mi cuello con una mirada lasciva. No aparté mis ojos de los suyos, todavía tenía la mandíbula tensa.

Di una pequeña lamida a su punta mojada, deleitándome del sabor único de la esencia de Edward. Sentí a Edward contener la respiración cuando me llevé su miembro a la boca de entrada. Y comencé a bombearlo con fuerza. Nunca antes había sido ruda en el sexo oral, tenía que tratarse de Edward para provocar estas nuevas emociones en mí. Relajé la garganta, tal y como Alice me había aconsejado hace un par de semanas cuando le pregunté sobre cómo dar sexo oral. No me interesaba hacerlo bien, pero ahora que tenía a Edward, quería hacerlo como se debía. Sentí que lo hacía muy bien en realidad, al escuchar los jadeos entrecortados de Edward. Fui directamente a sus ojos, mirándolo con deseo. Eso parecía haberle excitado mucho más cuando tomó mi cabeza por detrás para controlar el ritmo del vaivén. Sabía que, por su suave agarre, no planeaba lastimarme ni obligarme a hacer algo que yo no quería, y por eso accedía a este juego.

Pero cada vez que recordaba ese detalle, recordaba la situación anterior. ¿Es que no se iría de mi cabeza ya? Era muy buena para olvidar malos recuerdos, ¿por qué este no se iba de una vez por todas? De sólo recordar a esa chica… ¡Argh! Aumenté el ritmo de las embestidas relajando más la garganta, procurando no usar mis dientes. No tenía nada de malo que fuese una chica más insinuándosele, todas hacían lo mismo y en ese caso, Edward no era mío propiamente dicho. Simplemente era su amiga con derecho a roce, tenía el poder de reclamarle en cuanto se respecta al sexo. Pero si tan lunático se había puesto con el asunto de Mike Newton, yo estaba en todo mi derecho de enfadarme por un beso.

Cuando escuché a Edward aumentar sus jadeos y gemidos, decidí que me vengaría. Lo dejaría con las ganas para que comprenda lo malhumorada que estaba todavía. Quité su miembro de mi boca en una última suave lamida, haciendo un "pop" dejando su sabor todavía en mi boca.

Edward esperó mi siguiente acción, pero yo me recosté en la cama. Alzó una ceja.

— Ya no tengo ganas — Contesté con suficiencia. A ver qué haces ahora, Cullen.

La reacción de Edward me dejó algo helada, nunca antes había visto esa mirada fría y oscura, pero erótica y lasciva. No estaba para nada contento con la decisión que acababa de tomar. Su mandíbula se tensó aún más y lo sentí gruñir.

— Suficiente. Voy a castigarte — Usó de nuevo esa voz tajante y déspota que, al contrario de asustarme, me excitaba aún más. En un movimiento fluido tomó mis piernas y las atrajo con fuerza hacia su posición, haciendo que chillara por la sorpresa. En menos de un segundo estaba a su merced, con las piernas abiertas. ¡Rayos!

— Y voy a enseñarte un par de modales — Sentenció colocando su miembro en mi entrada. Deslizó su punta de arriba para abajo, empapándose de mis jugos. Ya estaba sensible, y por eso no pude ocultar el placer que esto me causaba, pese a mis frustraciones.

Sin esperármelo, Edward golpeó con ganas su polla contra mi clítoris, mandando corrientes de placer inmediato sobre todo mi cuerpo.

— ¡Edward! — Chillé cerrando las piernas sin poder controlarme. Edward las abrió aún más para adentrarse a mí en una sola estocada profunda y violenta — ¡Aaaaaaagh!

— ¡Sí! — Jadeó tomando posesión de mi cuerpo. Mis músculos vaginales tuvieron que hacer un esfuerzo increíble para acostumbrarme a su enorme intrusión. Y no dio abasto, comenzó a penetrarme de una forma enloquecida, haciéndome gemir como una virgen.

— ¿Modales? — Jadeé molesta, resistiendo a sus estocadas — Modales te faltan a… ti… ¿Cómo vas… a… besar a una chica… en frente mío?

Edward me miraba con mucha atención.

— Yo no… la besé — Jadeó tomando mis manos presas a unos costados de mi cuerpo, para poder mover ágilmente sus caderas contra las mías — Ella… me… Besó…

— ¡Tú recibiste… ah… ah… el beso! Es… lo mismo…

— ¡No pude esquivar! — Acentuó enojado la última palabra con una estocada más profunda que las otras. Estiré el cuello cerrando los ojos de placer.

— ¡Al... menos… hubieses… intentado! — Gemí molesta. Tenía su rostro a cortos centímetros del mío, ambos estábamos enojados. Qué particular forma de discutir…

— ¡Al menos no me hubieses…. Hecho… una escena… en la librería! — Gruñó sin detener las estocadas.

— ¡T-Te lo merecías! — Gemí al sentir que aumentaba el ritmo a uno demencial. Me faltaba el aire a causa de la pequeña discusión que teníamos.

Edward siguió penetrándome, a veces cambiando el ángulo cuando levantaba una de mis piernas cerca de su hombro. Nuestros gemidos descontrolados, y el choque entre nuestros cuerpos se oía por toda la habitación… incluso por toda la casa. Mis mejillas estaban rojas y calientes, y el corazón me latía a mil por hora. No sentía mariposas en el estómago esta vez, pero si una muy fuerte presión en el vientre bajo, amenazando con explotar en cualquier momento y una corriente de adrenalina que se apoderaba de mi cuerpo y mi mente, nunca antes experimentado.

— Me has dejado un chupón la otra vez… ¿sabes? — Comentó con la voz afligida, si seguíamos así nos quedaríamos sin aire en menos de un segundo. — Ahora te castigaré, y te haré uno igual.

Dicho y hecho, su boca fue directamente a mi cuello, donde comenzaba la sencilla tarea de dejarme un chupón. Se lo dejaría, sólo porque se sentía increíble sus dientes mordisqueando suavemente, sus labios y su lengua caliente, depositando saliva por todo mi cuello. Me calentaba aún más.

— Para que todos sepan que te he hecho mía — Murmuró contra mi cuello, haciéndome cosquillas. Reí mientras gemía. Una extraña mezcla producida por la diversión y el placer.

Edward se levantó y se acostó, girándome a mí hacia arriba suyo.

— Date la vuelta — Ordenó con una juguetona nalgada. Gemí por no esperármelo. Accedí dándole la espalda. Tomó mis caderas y las estrelló directo hacia su miembro.

— ¡Aaaaangh! ¡Edward! — Gemí y gruñí, ¿por qué no me anticipaba lo que me esperaba? Este ángulo era nuevo para nosotros, no lo estaba cabalgando porque yo le daba la espalda y él controlaba el ritmo tomando fuertemente mis caderas. Me apoyé con los brazos apoyados detrás de mí, dejando que mi cabello le hiciese cosquillas al rostro. Acomodó mi cabello hacia encima de mis pechos, para no molestarlo. Solté una risita.

Edward no necesitó moverme, fue él quien dirigió moviendo sus caderas con un movimiento tan ágil, tan fuerte, tan veloz, haciéndome gemir en cada estocada. Con cada una, sentía que me llenaba por completo, luego sentía un vacío anhelante, para recibir de nuevo otra estocada suya llenándome el doble, y así sucesivamente. El sonido de su polla entrando y saliendo sobre mi sexo empapado era increíblemente lascivo y sucio. Y me encantaba. Había descubierto esta nueva sensación desde la última vez con el vibrador. Comprendía con más claridad lo que significaba tener sexo divertido, cuando el placer se acumula de una forma abismal y quieres hacer todo, experimentar todo tipo de placer, posiciones, objetos, situaciones, todo. De nuevo me sentía como una sucia, una pervertida que quería más y más.

Hubo un momento en que no pude pensar más, no quería. Quería sentir, dejarme llevar por los movimientos fluidos de sus caderas contra las mías. Es como si nunca terminara de acostumbrarme al tamaño de Edward. Y como ya me sentía lasciva, no me avergonzaba hacérselo saber.

— Eres tan grande… ¡Dios! — Gemí. Sentí a Edward jadear detrás de mi espalda.

— Y tú eres endemoniadamente estrecha — Gruñó frustrado como si lo hubiese pensado un segundo antes, como yo — Eres la mujer más estrecha con la que me he acostado.

Me picó la curiosidad.

— ¿Eso es bueno? — Pregunté entre gemidos.

— ¡Eso es malditamente bueno! — Gruñó con mucho placer. Me sentí tan poderosa en ese momento que quería estallar en risas eufóricas. No todos los días le dabas placer a un hombre como Edward — Es como si… ah… me… apretaras y… ¡ah!

Edward parecía consumido por el placer la no poder formular la frase coherentemente, pero igual había sonado sucio, y eso me prendía tanto. ¡Demonios! ¿Por qué ejercía tanto control en mí?

— ¡Córrete! — Me ordenó inmediatamente.

— ¡No vas a darme órdenes! — Jadeé contrariándole. Faltaba tan poco para ganarle, no sucumbiría completamente a su dominación.

— ¿Ah, no? — Jadeó desafiante — ¡Entonces haré que te corras!

Salió de mí rápidamente y con una mano me empujó la espalda para que cayera de frente al colchón. Tomó velozmente mis caderas, posicionándome en cuatro y entrando en mí de una profunda estocada.

— ¡Aaaaaah! — Volví a gemir sintiendo como me llenaba. No me faltaba mucho, le tomó un par de estocadas demenciales, incluso más que las que ya hacía, notablemente excitado, exigiendo mi liberación. Cuando sentí la burbuja de mi vientre explotar, de una forma brutal y deliciosa, grité contra las sábanas. Edward dio unas últimas estocadas fuertes hasta bramar su liberación, pegando sus caderas a las mías con mucha necesidad, mientras lo sentía llenarme con su líquido caliente. Una sensación que, sumado a mi post-orgasmo, podía considerarse el paraíso entre los mortales.

Jadeó fuerte, igual que yo, ambos agotados de un segundo al otro. Me quedé recostada, y sentí cómo después de unos segundos, salió de mí para acostarse a mi lado, yo no le veía, tenía la cabeza girada para el otro costado. Algo que agradecí porque de repente todo cayó encima de mí. Quizás haya sido gracias al orgasmo, pero toda porción de enojo, incluso mínima, había desaparecido. Ya ni recordaba quién era Zafrina, ni qué había sucedido, sólo sentía paz, tranquilidad y relajación en todo el cuerpo, y también en mi mente. ¡Con tanta facilidad!

No me animé a darme la vuelta, quizás esto sólo era producto de mi cabeza y Edward todavía seguía enojado. No tenía ganas ni fuerzas para discutir con él, algo bueno porque significaría que al menos, uno de los dos, cedería por el otro.

Mi corazón se calentó cuando sentí los dedos de Edward acariciando dulcemente mi espalda.

— ¿Estás bien? — Me preguntó con una voz tranquila, pero preocupada. Me di la vuelta para hacerle frente. Me miraba de la misma forma con la que hablaba. Asentí sin contestar nada, eso no le había dado tanta seguridad.

— ¿He sido muy rudo? — Preguntó preocupado. Sólo Edward podía tomarme de esa forma y preguntarme si estaba bien. Por eso sabía que esto sólo era un juego.

— No.

— ¿No te duele nada? — Volvió a preguntar. ¡Ya le había dicho que estaba bien!

Le sonreí para asegurarle que no había problema en ese sentido…

— Me alegro entonces — Contestó sonriéndome.

Pero el asunto no estaba resuelto. Ya no estaba enojada, pero necesitaba aclarar un par de cosas con él. Me levanté para estar sentada, y respiré hondo.

— Edward yo… — murmuré tímidamente. Volví a respirar armándome de valor — No creo que debamos seguir haciendo esto…

Edward que me miraba atento acostado, abrió los ojos repentinamente, y se tensó. Se levantó a mi altura, sin comprenderlo.

— ¿Por qué? ¿No lo has disfrutado? — ¿Edward realmente me preguntaba eso? ¿Ponía en duda su habilidad innata para satisfacer a una mujer en todo sentido?

— Sí lo he disfrutado — Le aseguré — Pero… no puedo hacer esto si quieres acostarte con otras mujeres. — Edward se relajó y puso los ojos en blanco, sarcásticamente. Sentí que ya no le daba importancia a lo que yo decía — Te pagaré como sea el favor que has hecho por mí, pero no me siento para nada cómoda siendo una más del repertorio y…

— No existe repertorio, Bella — Me cortó con una voz molesta — No existe ninguna otra mujer en esto. ¿Es que no entiendes? ¿No puedes creerme aunque sea? Si quieres, usa la lógica. Trabajo a la mañana, te veo a la siesta, trabajo a la tarde, y vuelvo increíblemente cansado a la noche. ¿En qué momento podría ver a otra mujer?

Eso no me dejaba totalmente segura. ¿Es que el encuentro con Zafrina había sido pura casualidad?

— ¿Y Zafrina?

— Zafrina es mi compañera de trabajo. También trabaja en el consultorio de mi padre. Cuando era un poco más joven y torpe me he acostado con ella — Eso sólo hacía real las imágenes del cuerpo de Edward entrelazado con el de Zafrina. Me disgusté — Desde entonces ha querido intentar otras cosas conmigo… pero no puedo ignorarla.

Ahora sí me molesté.

— ¿Por qué? — Demandé.

— Porque…. — Edward suspiró — Zafrina me enseñó a cómo tocar a una mujer. Y estoy muy agradecido por eso, pero nunca quise algo más con ella. He intentado rechazarla discretamente, incluso de ignorarla. Pero no me siento muy bien. No quiero ser esa clase de hombre que no paga los favores que le han hecho. Además se hace difícil porque mi padre le ha dado trabajo porque es una muy buena doctora. Las cosas se pondrían muy incómodas y yo, no sé cómo manejarlo…

Mientras Edward contaba esto lo sentí muy distinto a como lo había sentido días anteriores. Me estaba confesando algo muy íntimo sobre su vida personal y cómo no sabía manejar la situación incómoda con Zafrina al ver que ella se le lanzaba todo el tiempo y él ya no la deseaba.

— Decidí que lo mejor sería no darle tanta importancia. De todas formas, ella no busca algo serio en mí, sólo quiere acostarse conmigo. Mi novia se ha molestado muchas veces con ella — rió despreocupado — Pero tampoco me interesa, ella se molesta de sólo saber que la miré en algún momento de mi vida. Casi siempre me roba besos castos, yo jamás le di importancia, pero…

Me miró con duda, y bajé la cabeza ruborizada. A mí si me molestaba, pero porque nuestros trato especificaba nada de contacto físico con otras personas. En realidad, sólo contacto sexual, pero para mí esas cosas eran importantes.

— Lo siento, es que un beso para mí significa mucho. No me siento cómoda, pero tampoco puedo prohibirte besar a otras chicas…

Edward soltó una risotada mientras se echaba en la cama.

— Es que… ¡Dios, es tan frustrante! — Jadeó con las manos en sus ojos, momentáneamente molesto.

— ¿El qué? — Pregunté confundida.

— Cada situación en la que me ves, de alguna forma insospechada, logro darte una mala impresión de mí — Eso me había sorprendido — No sé por qué, es como si fueras un imán para la mala suerte…

Me molesté. Yo no tenía tanta mala suerte.

— No soporto a esas mujeres — Me sorprendí, mientras él se reía — Piensan que con un buen físico conseguirán a cualquier hombre que quieran.

¿Eso no le atraía a Edward?

— Déjame decirte que al final del día, ningún hombre las respeta — Dijo sin importancia. ¿No las respetaba? Bueno, yo tampoco. — Zafrina nunca me trta así. Intuyó que tú podías ser algo mío y por eso intentó ponerte celosa.

¡Esa perra lo consiguió!

— No sabes cuánto me molestó que te confundiera de esa forma.

Me sonrojé al recordar mi pobre vestimenta.

— No me visto como mujer, eso sucede — reí. Edward frunció el ceño.

— No te vistes como una zorra, eso sucede — Corrigió.

Nunca. Excepto cuando trabajaba en otros tiempos. Qué lejanos me parecían ahora.

— Por suerte, ninguna mujer es tan atrevida como Zafrina, quizás por eso no le cae bien ni a mi novia ni a mi hermana — Me entró demasiada curiosidad la historia entre su hermana y su novia. ¿Serían mejores amigas? — Nunca le di importancia — Por supuesto, alguien como tú debe haber besado a más de cincuenta chicas.

— Edward... ¿cómo sé que no te besarán de nuevo? — Planteé mi mayor miedo.

Edward se sorprendió.

— Bella... ¿estás celosa?

Mis mejillas enrojecieron de golpe. ¡Claro que sí! Pero él no debía saberlo, o lo malinterpretaría.

— No, es que quiero honestidad ante todo.

— Esos besos no significan nada para mí. No les doy importancia. Pero si te molesta que ella o alguna otra chica intente flirtear conmigo, no dejaré que lo hagan.

Mis pensamientos se volvieron nulos. ¿Acababa de decir lo que había escuchado?

— No quiero otra rabieta como la de hoy — me avergoncé por la tremenda escena que le había causado — No pasará de nuevo.

— ¿E-En serio? — Pregunté incrédula. ¿Cómo es que tenía sentido que lo hiciese por mí…. Y no por su novia?

— No quiero lastimarte. Ví que casi lloras hoy.

Oculté mi rostro sobre mis rodillas, sentada. Me sentía algo avergonzada por toda la situación.

— Yo lloro por todo, acostúmbrate — Bromeé tratando de romper el hielo. Sin embargo, Edward me sonrió con nostalgia.

En ese momento recordé uno de los detalles de esa conversación que me había entristecido en verdad. Bajé la vista hacia los dedos de mis pies que se retorcían nerviosos.

— ¿Fue tu cumpleaños? — Murmuré bien bajito. Edward alzó una ceja, sorprendido. — Ella te regaló algo para tu cumpleaños…

Su rostro se mostró de repente divertido, mientras acompañaba una risotada.

— Sí, en Junio — Contestó. Ah, eso había sido mucho tiempo. Me sentí tonta.

— Ah. Hace… rato.

— Antes de que te conociera — Volvió a reír — ¿Es que pensaste que no te había avisado?

Quise hundirme en lo más hondo y profundo de la tierra y desaparecer.

— Tonta Bella. Eres mi amiga, te avisaría de esas cosas.

Su amiga… un término algo confuso, pero al fin y al cabo tenía razón. Me sentí muy feliz.

— No se repetirá lo de hoy, te lo prometo — Levantó mi mentón hacia su rostro, me vi obligada a verlo a los ojos, como siempre resultaba, me perdía en ellos. Mi corazón volvió a latir con fuerza. Edward debía quererme para prometer este tipo de cosas si no lo cumplía con su novia. Era tan confuso… pero no quise romper el momento, y le sonreí optimista — Aunque, con ese desenlace, me gustaría que se repitiera.

Me sonrojé furiosamente y aparté la vista de su rostro, soltó una carcajada.

— ¿Eso… contó como parte de la enseñanza? — Murmuré con el rostro todavía oculto sobre mis rodillas. Edward lo pensó y se rió.

— Fue algo inesperado, pero se puede decir que sí.

— Vaya… con razón dicen que las personas que son activas sexualmente, viven más felices.

— ¿Ah, sí? — Edward se levantó de la cama, dándome una perfecta vista de su torno desnudo. Ya me sentía acalorada de nuevo — ¿Quién te ha dicho eso?

Me encogí los hombros.

— Es algo que escuché — Mentí. No tenía sentido contarle que me lo había dicho mi madre…

— Pues… ¿tú te sientes más feliz? — Preguntó mientras se calzaba uno de sus boxers. Madre de Dios….

Mucho. Demasiado. Infinito. Euforia. Tu cuerpo. Cama. ¡Ahora!

— Sí — murmuré sin ganas — ¿Tú?

Edward desvió su vista hacia mi rostro mientras se ponía unos pantalones y me sonrió.

— Sí.

Había algo en las sonrisas de Edward que me aceleraban el corazón con ahínco.

* Zafrina en Amanecer parte dos, es interpretada por la actriz Judi Shekoni, pueden buscarla en google para darse una idea de cómo es ella :)





1 comment to Cap 14: Me And The Handsome Man

Deja una Respuesta