El jefe y la recepcionista Cap 14

"Alegría y Decepción al Mismo Tiempo" (parte II)
Karen Pttzn
"En mi Corazón No Hay Más Que La tristeza y la soledad. ¿Por Que a mí?"
Bella POV
Afuera, llovía estrepitosamente.
- ¿Cansada? - Pregunto Edward de Cuando ibamos de Regreso a Casa.
-No, no es Absoluto-mentoniana.
Habia Sido Una velada perfecta. Edward habia logrado preparar platillos Los Diferentes elaborar una. La Verdad me dolían Las articulaciones y la Cabeza me retumaba Siguiendo Monotono El ritmo del limpiaparabrisas. No podia resaca servicios, habia bebido champán Sólo. Edward detuvo en El Coche Frente de mi casa y sin Sentí salto de anticipación. Estaba un punto de suceder. El párrafo final perfecto la noche perfecta. Seguramente estaria Con Edward Hasta El Amanecer. Lo Que Único no podia superar era poder estar con él por el resto de mi vida. Me habia tan irremediablemente enamorada de el, ya Que No habia vuelta atrás.
 
con-Bueno-dije-Voz Tentativa, gracias por Una velada Maravillosa Edward.
Este Apago el motor y else desabrochó El Cinturón de Seguridad
-Gracias a tí Bella, Por todo-acarició mi Mejilla Con El Índice De su mano-Estoy en Deuda Contigo.
Algo me Puso en guardia. ¿Dónde estaba la Fácil camaradería de la noche anterior? ¿Dónde estaban sus sonrisas, su pasión? Estabamos solos, por el amor de Dios. ¿Por qué no estaba ya en sus brazos? ¿Por que no me besaba apasionadamente?
-¿Te apetece tomar café?- dije. No quería que la noche acabara.
-Gracias, sí.
Buscó un paraguas y salimos del carro. Me subí el vestido hasta las rodillas, y me quité las zapatillas doradas. Al llegar a la puerta, prendí la luz del vestíbulo y me volví para que Edward me tomara en sus brazos. Pero no. Edward permaneció tenso con los puños cerrados, los brazos a los costados, la mandíbuela apretada y mirándome con una expresión extraña en los ojos.
-Me gustaría que habláramos- dijo él.
¿Hablar?¿Ni siquiera un beso? ¿De que quería hablar? ¿Iba a decirme que la noche anterior sólo fue una aberración, una aventura para celebrar que su ayudante no había logrado arruinar su empresa? ¿Volvíamos a ser únicamente el jefe y la recepcionista?
-La cocina está por aquí.- Edward me siguió quitándose la chaqueta- ¿Té o café?. A esta hora prefiero té.
-Yo también.
Lo ves, somos compatibles Bromeé. Para ocultar mi inquietud y mi nerviosismo, me afané a la tarea para preparar todo lo necesario, la taza, la tetera, la azúcar y galletas.
-Siéntate- le invité sacando una silla -¿De qué querías hablarme?
Edward curvó la boca hacia abajo y clavó los ojos en el mantel.
-Hemos pasado dos noches maravillosas.- se interrumpió.
Oh! socorro, esto es horrible!
-Pero no quieres que me haga una idea equivocada- dije
Edward hizo una mueca.
-Debería haberte dicho una cosa, Bella.
Un estremecimiento helado me encogió el estómago.
-¿Hay otra mujer?
-No, claro que no.
-¿No estarás comprometido secretamente o algo así?
-Nada de eso.
-Pero debería haberte advertido que estoy totalmente entregado a mi trabajo y concentrado a sacar adelante a la empresa, y lo estaré durante algún tiempo. De momento no puedo permitirme las relaciones emocionales.
-¿Ah no? ¿Y durante cuanto tiempo te lo vas a permitir?- pregunté con sarcasmo.
-Otros cinco años.
Me pareció una ridiculez.
-¿Osea, que anoche fue la última vez que te acostaste con una mujer en los próximos cinco años? No digas tonterías Edward.
-No quería decir eso- se ruborizó.
-¿Entonces que querías decir?Por que me estás diciendo que ni siquiera estas dispuesto a una relación superficial y sin compromiso.
-Tu no eres esa clase de chica.
-Tu no sabes qué clase de chica soy- espeté furiosa.
-Pero sé que no soy el hombre que te mereces. Terminarías sufriendo, y no quiero que te pase eso. Por eso creo que será mejor que nos distanciemos, y volvamos a tener una relación prefesional.
¿como podía hablar con tanta clama? ¿Acaso la noche anterior no había significado nada?
-Si estás tratando de protegerme, no te molestes, no lo necesito- le dije, sin poder ocultar el enfado que sentía- Y para que quede claro, Edward, no esperaba que te pusieras de rodillas y me pidieras en matrimonio.
-Perdona- dijo- Te he ofendido.
- Soy más madura de lo que crees- Entonces recordé la conversación que tuve con Verónica-. Tu abuela me avisó que era probable que sucediera esto.
-Tengo la desgracia de tener una familia de mujeres entrometidas- masculló.
-Verónica y Alice son maravillosas, y estoy segura de que tu madre también lo es.
-Lo es, sí, y no puede entrometerce en esto.
-Eso Verónica también me lo dijo.
Edward suspiró y se frotó la mandíbula con la mano.
-¿También te habló de la quiebra de mi padre?- preguntó en voz baja.
-No- me dí cuenta de que eso debería de ser importante.
-Mi padre era muy impulsivo para los negocios, y lo perdió todo.
-¿Fue entonces cuando tuviste que dejar el colegio privado?- pregunté, recordando lo que me había contado en el taller.
-Sí, y aprendí una valiosa elección: que es importante planificar el futuro. Primero quiero asegurarme una situación económica sólida, antes de pensar en casarme o formar una familia- afirmó con la mandíbula tensa-. No buscaré una relación permanente al menos hasta dentro de cinco años.
-Oh, ¿Y entonces que?, ¿Echarás un vistazo a tu alrededor y encontrarás a Doña Perfecta esperando para caer rendida a tus pies?
-No es tan simple como lo pintas.
-Es peor, Edward- dije, con ganas de darle un puñetazo en el pecho y hacerlo reaccionar- Dime una cosa, ¿Que harás si te enamoras antes de que pasen los cinco años?
-Eso no pasará- dijo sacudiendo la cabeza.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?
-No permitiré que ocurra.
-¡Estas loco!- dije poniéndome de pie de un salto.
-Bella no quería hacerte daño.
-No me lo has hecho.
Los dos sabíamos que era una mentira, pero no estaba dispuesta a reconocer que estaba furiosa, que me sentía utilizada, y que mi corazón se hacía añicos.
-Supongo que quieres que me vaya.
¡No!¡No! quise gritarle, pero saqué las fuerzas suficientes y dije:
-Has dejado muy claro que no hay ninguna razón para que te quedes. Estoy segura de que tienes que pensar en tu empresa.
Edward se puso la chaqueta y en silencio fue hasta la puerta. Al llegar al vestíbulo me miró.
-Bella eres una mujer marav...
-¡Ni se te ocurra!- explotando por fin-has dicho bastante.
Conteniendo las lágrimas y con dedos temblorosos busqué la cremallera del vestido de lamé y lo bajé.
-¿Que haces?- preguntó sin comprender.
Lo miré con rabia.
-Devolverte el vestido por el que tanto dinero has pagado-dije bajándome los tirantes.
-Pe...pero no es necesario.
-¡Claro que sí! y lo sabes!
El vestido se deslizó por mi cuerpo. Edward me miraba con el rostro contraído, parecía que le iba a estallar una vena. Vestida únicamente con un sujetador sin tirantes y unas diminutas braguitas a juego, recogí el vestido y se lo tiré al pecho.
-Muchas gracias señor Cullen, ha sido un placer.
Sin dudarlo ni un segundo, le abrí la puerta, pero Edward estaba demasiado perplejo para moverse. Así que le puse las manos en el estómago y lo empujé. Entonces reaccionó y salió de la casa. Sólo tuve tiempo de cerrar la puerta de un golpe antes de ponerme a llorar.
En la cama, di rienda suelta a mi dolor. La noche anterior había sido la noche más maravillosa de mi vida, me había entregado por completo a Edward. Yo le había desnudado mi alma, contándole mis cosas y problemas. Que ingenua había sido. Ahora sabía que había muchas maneras de hacer daño. No podía soportar que Edward no estaba enamorado de mí, pero esa era la verdad.
Lloré de nuevo. La garganta ya me dolía, me quemaba de forma insoportable. Estaba helada, prácticamente desnuda encima del edredón, pero permanecí allí durante horas, entre sollozos y estremecimientos, demasiado hundida para meterme entre las sábanas.
El sonido de unos goles penetró mi sueño e intenté despertarme, abriendo lentamente un ojo, pero la cabeza me martillaba, tenía la garganta al rojo vivo y me dolía todo el cuerpo. No tenía idea de la hora que sería. ¿Había llamado alguien? Lo cierto era que no me importaba, no podía bajar y abrir la puerta. Necesitaba las pocas fuerzas que tenía para beber un vaso con agua de la mesilla, ni siquiera podía pensar en como llegar al cuarto de baño.
Mientras bebía el vaso con agua, recordé que Edward no me amaba. Lo recordé todo: el plan quinquenal, mi rabia, la humillación y su reacción al quitarme el vestido y arrojárselo a los brazos, cerrándole la puerta de golpe. Una vez más, se me llenaron los ojos de lágrimas y hundí mi cabeza en las almohadas. Tenía que recuperarme, tenía que olvidarme de mi jefe.
Tenía que dormir, dormir toda una semana.
La siguiente vez que me desperté, fue por el móvil, tampoco pude levantarme. A juzgar por la luz que se colgaba en el dormitorio, debía ser mediodía o primera hora de la tarde, pero no tenía fuerzas, así que volví a cerrar los ojos y dormirme.
Cuando volvió a sonar el móvil, ya había había oscurecido. Pero cuando traté de acercarme, el móvil había dejado de sonar. Con las piernas temblorosas, fui al cuarto de baño para tomar unas aspirinas. Acababa de meterme a la cama cuando sonó de nuevo el móvil.
-¿Diga?- respondí sin fuerzas.
-Bella, soy yo, Ángela.
-Oh, Ángela, hola.
-¿Que te pasa?
-Creo que tengo gripe.
-Oh, no, que mal. Llamaba para ver si querías comer mañana.
-Lo siento, no puedo moverme.
-Pobrecita. ¿Necesitas algo? ¿Tienes comida?
-No necesito nada. No tengo hambre.
-Pero necesitas que te cuide alguien.
-No. No te preocupes por mí, no quiero contagiarte. Tranquila, solo necesito dormir.
-Asegúrate de beber mucho líquido.
-Lo haré- colgué.
Dormiré


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